La semana pasada, la Fundación Igualdad LGBT que trabaja en busca de la igualdad social y legal de gais, lesbianas, bi-sexuales y trans, lanza una importante campaña de visibilización, información y educación.

La iniciativa responde, por un lado, a la gran demanda de información sobre el colectivo y sus actividades, y por otro, al hecho de mejorar la cobertura periodística y la visibilización de las minorías sexuales que radican en Santa Cruz.

La campaña consiste en una serie de postales gratis con fotografías de parejas del mismo sexo, gigantografías ubicadas en distintas partes de la ciudad con el mismo motivo, y el lanzamiento de un “Manual para comunicadores sociales sobre el uso de lenguaje y terminología en relación a la diversidad afectivo-sexual” Todo ello con el objetivo de seguir generando tolerancia en la sociedad y visibilizando a las minorías que durante tanto tiempo fueron confinadas a las catacumbas de la censura social.

Tanto las postales como las vallas, muestran a parejas del mismo sexo expresándose, con todo su derecho, el amor que sienten entre sí. Estos dispositivos visuales, que seguramente van a generar muchos comentarios, tienen una importancia fundamental, pues la falta de éstos siempre ha hecho que quienes tienen diferente orientación sexual, no se sientan representados ante las imágenes publicitarias a las que son expuestos por un mercado que insiste en negar la pluralidad de una sociedad diversa. Éste mercado se basa en la construcción cultural -patriarcal y sexista- de Hombre/Mujer únicamente, y deja de lado todo lo demás que no necesariamente se encuadra en esos preceptos. Indudablemente queda mucho por hacer, pero este comienzo parece ser muy prometedor. Read the rest of this entry »

Generalmente se trata de un lugar cuyas características, a simple vista, se podrían definir como, “sub-urbanas”, “under”, o simplemente “zona física donde se concentran gente rara, freaks, zafados y locos”.

Pero los boliches alternativos siempre han sido el espacio de reunión de intelectuales, artistas, promotores y consumidores de cultura contemporánea. De eso no cabe duda, sobre todo en Santa Cruz donde el arte poco a poco va dejando las tinieblas de la clandestinidad, pero que indudablemente nace en ella.

Desde el Caracol de la calle Vallegrande hasta el recientemente cerrado Clapton de la Murillo, esos bares han tenido una magia especial que hoy los hace memorables. Muchos hemos coincidido en ellos y seguro a alguno le viene la nostalgia al momento de recordarlos. Varias de las grandes ideas vinculadas al arte nacieron en ellos, muchas canciones se compusieron, muchos poemas se escribieron y muchos besos se dieron en esos antros que, aparentemente, no gozaban ni gozan de buena reputación. Tal y como debe ser.

Pero el catalizador principal siempre fue la amistad, las colaboraciones y esa onda que hace de la cultura contemporánea urbana lo que hoy es y lo que entendemos al tratar de imaginar la construcción de la sociedad actual.

El Muro, El Túnel, Insomnio, El Lado Oscuro, Barbarie, nombres que sin duda alguna han marcado generaciones enteras. Sitios que sintieron el poder creativo de las colaboraciones, de las iniciativas, de los emprendimientos y de la producción que, como mencioné antes, se mantuvo por mucho tiempo en la oscuridad.

Estos antros malditos han sido clasificados y juzgados por los guardianes de la moral y las buenas costumbres, que generación tras generación se esfuerzan por penalizar y tratar de erradicar aquello que no entienden o que sólo no es de su agrado, o que no responde a la leyes del mercado, superficial y materialista, que por estos días, sobre todo, son tan absorbentes. Read the rest of this entry »

Es precisamente lo que está ocurriendo con el arte en Santa Cruz: se ha rebelado de su provinciano carcelero y ha huido hacia su libertad.

Encontró, o recién descubrió, que su papel primordial tuvo una época de oscurantismo que le negó la posibilidad de expresión que tanto anhelaba.

Vivimos en una sociedad con más de un millón y medio de habitantes que, después de todo, está empezando a descubrir/valorar a sus artistas y la producción que, a estas alturas, es ya imparable.

No son ya un acontecimiento excepcional las exposiciones de arte contemporáneo, los performances, las películas “made in Santa Cruz”, las presentaciones de libros ni muchos menos las obras de teatro o los conciertos de bandas locales. Los constructores de la cultura popular local, que irradia su presencia al resto del país, no han descansado para obtener su lugar entre toda la gama de propuestas e innovadores métodos para llegar al público que desea consumir/apoyar lo nuestro. Basta con ver el Facebook (medio que aglutina e informa sobre la mayoría de esos eventos) para darse cuenta que no existe un solo día en que no se realice una actividad tanto en el centro de la ciudad y, en menor medida, en las zonas peri urbanas de esta capital que crece a tropezones, pero que crece al final de cuentas.

Hace algunos meses muchos artistas, promotores culturales y ciudadanos comprometidos con el arte y la cultura, nos reunimos para exigir a los medios masivos de comunicación el espacio que por derecho nos corresponde y que también le corresponde a la población en general, que al final de cuentas es la única beneficiada con el exponencial crecimiento de los centros culturales, las galerías y los teatros de Santa Cruz, etc. Y haciendo un análisis sincero, quizás poco o nada ha cambiado en su actuar respecto a la temática, pero se sentó un importante precedente que, más allá de haber conseguido su propósito, hizo constar que el arte está en pié de guerra y que no descansará porque además nunca lo ha hecho.

Esta rebelión viene acompañada de un trabajo sacrificado que data de muchos años. Este levantamiento de los hacedores de la identidad regional popular moderna o pos-moderna se ancla en la sólida convicción de seguir avanzando y proponiendo para entendernos y entender el mundo en el que vivimos. ¿De qué otro modo nos daríamos cuenta de lo que nos ocurre como sociedad? ¿Cómo podríamos re-conocernos sino es a través del arte? Los viejos preceptos anacrónicos están cayendo y nuestra ciudad está corriendo para acercarse al desarrollo que tanto necesita.

Hubo un tiempo que se nos olvidó crecer por adentro también. Hubo un tiempo que nos negamos a ver lo que ocurría en nuestras calles, en nuestras instituciones, en nuestros propios barrios, y he aquí que abrimos los ojos sólo para encontrarnos con lo que alguna vez soñamos: una ciudad culta, una capital cultural.

La rebelión del arte en Santa Cruz es poco más de lo que algunos pensábamos y por ende, tiene aún muchos obstáculos que pasar y muchas metas que conseguir.

 

Artículo escrito para:

www.galeriaeterna.com

Queridos amigos, muy pronto estaré lanzando www.edsonhurtado.com

Será, en definitiva, un espacio mucho más amplio, de proporciones más inclusivas y de cobertura multimediática.

Sigo en la radio, como todas las noches, colaboro para el Semanario Número Uno con artículos de opinión, y este mes lanzo un programa de T.V. al aire. Asi que pensé que una página sería un buen lugar en donde concentrar toda esta producción multimediática.

Espero contar con sus visitas y con sus comentarios cuando se lance el site, oficialmente, en las próximas semanas.

Gracias a Sebastián por el empujón.

Y a ustedes por estar siempre pendientes.

                                                                      

Mucho se habla estos días de desintegración, de separación. Algunos personajes se han convertido en agoreros del desastre, y gritando muy fuerte, intentan esparcir su veneno apocalíptico. Usan todos los medios, de los cuales son dueños, para instaurar la idea de una inminente hecatombe.

Pero cometen un error. Una omisión, en realidad. Olvidan que hay algo que es imposible destruir: el lazo invisible que nos une a todos los que vivimos, convivimos y sonreímos en este hermoso país. Un halo, mágico si quieren, que nos envuelve y que conecta los millones de corazones que laten, incesantemente,  en  busca de un mismo objetivo.

Y no estoy hablando desde el ya desgastado romanticismo, chapucero y chauvinista, de la izquierda, como tampoco lo hago desde el idealismo de prosperidad capitalista de la derecha, yo hablo desde mi sincera convicción de boliviano. Aquella que no se vende porque no está en venta, que no se compra porque no tiene precio, que no se entrega porque es intrínseca a cada uno de mis latidos.

Una vez, conversando con un amigo de estos temas, nos preguntábamos ¿qué es lo que nos une a los bolivianos? Entre risas e ironías, dedujimos que podrían ser las salteñas. Una costumbre culinaria nacional que todos conocemos y que a todos, más de una vez, nos ha alegrado la mañana. Yo he comido salteñas en Vallegrande, Camiri, La Paz, Cochabamba, Sucre, Samaipata, Concepción, Santa Cruz, y en cada uno de esos lugares, el común denominador era la satisfacción de poder compartir y disfrutar una tradición que, sin importar el lugar en donde estés o de donde seas, podía remitirte al calor del propio hogar. El placer de saborear algo único, es irrenunciable. Las salteñas son para los bolivianos lo que el mar para los peces. Pero también es un argumento débil.

Después pensamos que podría ser la selección nacional de fútbol, y nos remitimos al inolvidable mundial de 1994, al cual por primera vez asistimos por méritos propios. Una ola verde, inmensa e inolvidable, inundó la nación y nos convirtió en héroes a todos por igual. No importaron los delirantes prejuicios regionalistas ni las fisuras históricas que alguna vez nos hicieron desconocernos. Éramos bolivianos y nos pusimos la camiseta del país, sin importar si el de al lado era colla o camba o chapaco. Una pelota fue el símbolo y un logro (llegar al mundial) el emblema de nuestra unidad. Nadie escatimó gritos y aplausos ante un escenario que nos definía como triunfadores. La pasión fue desmedida y los resultados llenaron el vacío que alguna vez sentimos, o creímos sentir. El fútbol, en resumidas cuentas, fue y sigue siendo, un factor socializante y unificador, pero también un cliché sentimentaloide y anacrónico.

Entonces ¿qué es lo que nos une a los bolivianos? ¿Qué es lo que nos mueve a sentir/pensar/decir “soy boliviano”?

Yo creo que se trata de la identidad que nos define a través del sincretismo de nuestras culturas, de nuestras costumbres, pero sobre todo, de nuestras necesidades.

Los que protestan en contra del gobierno, los que marchan en apoyo al comité cívico. Los que construyen escenarios de concertación, los que destruyen los murales de Lorgio Vaca. 

Los que despotrican por la cooperación de Chávez, los que creen que no hay racismo.

Los que organizan protestas, marchas y cabildos, los que están en contra de esas protestas, marchas y cabildos.

La chola que le vende verduras a la dueña de un famoso restaurante, la magnífica que compra ropa usada en Cumavi.

El micrero que no respeta las señales de tránsito, el peatón que tampoco respeta las señales de tránsito.

El ebrio que orina en cualquier calle oscura del centro, el estudiante que lleva 10 años en la universidad.

Los que nos animamos a escribir, los que se animan a leer.

Los que trabajamos en lo que nos gusta, los que trabajan en lo que sea porque no les queda otra.

Los que soñamos con un mejor país, los que sueñan con estar mejor el día de mañana.

Todos movidos por una sola cosa: el “factor bolivianidad”

 Cada uno a su modo, cada cual con su estrategia. Sin importar si la whipala es nuestra bandera o si el Iyambaé nuestro estribillo, creemos, por sobre todas las cosas, en una patria, en un espacio llamado Bolivia, que nos cobija y que nos invita a seguir apostando por  el futuro.

Por eso los incitadores del desastre ya tienen la guerra perdida. Aquellos reaccionarios, aquellos predicadores de la perdición, aquellos sediciosos del corazón, ya están de antemano vencidos.

Los bolivianos somos uno y lo seguiremos siendo. Amamos a nuestra nación y lo demostramos a cada momento, con el sístole de nuestra esperanza y el diástole de nuestra fé, seguiremos construyendo, el mejor país del mundo.