Antología de Vallegrande

Antología de las letras vallegrandinas
Portada del libro “Antología de las letras vallegrandinas”.

El libro “Antología de las letras vallegrandinas” (2014), es un homenaje a los escritores vallegrandinos que han aportado a la academia y a la literatura boliviana, y forma parte de los festejos por los 400 años de la fundación de la Ciudad de Jesús y Montes Claros de los Caballeros de Vallegrande.

El poeta, periodista, investigador y escritor Edson Hurtado Morón, también vallegrandino, les rinde tributo con este, su quinto libro, que se convierte en la primera antología de escritores vallegrandinos que se realiza.

Hurtado, autor del polémico y exitoso libro “Ser gay en tiempos de Evo”, se suma a los festejos de su patria chica, reuniendo en una antología a los más conocidos y consagrados escritores de Vallegrande.

El libro, de casi 200 páginas, contiene obras de Manuel María Caballero, Hernando Sanabria Fernández, P. Neftalí Morón de los Robles, Pastor Aguilar, Manuel Vargas, Gustavo Cárdenas entre otros destacados literatos nacidos en esa Provincia.
Como un aporte a la construcción de la memoria histórica y académica de Bolivia, el autor de “ANTOLOGÍA DE LAS LETRAS VALLEGRANDINAS”, hace un recorrido por la producción literaria de Vallegrande desde finales del Siglo IXX hasta principios del Siglo XXI, que transita entre la novela, la poesía, el cuento, la historia o el teatro costumbrista social. Incluye además, información bibliográfica de los autores, fotografías y un pequeño estudio de las obras seleccionadas.

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Un recorrido por las letras vallegrandinas

Solamente los pueblos que escriben no son olvidados. La construcción de la identidad de una región, y la consolidación de su historia, pasan ineludiblemente por el camino de la literatura. Por tanto, los escritores son los encargados de perdurar en sus letras el legado cultural, histórico, social, político y hasta supersticioso de su pueblo.

La Ciudad de Jesús y Montes Claros de los Caballeros de Vallegrande fue fundada en 1612 por don Pedro Lucio Escalante y Mendoza. Enclavada en los valles cruceños, en el centro de Bolivia, atesora entre sus hijos un selecto grupo de intelectuales y escritores, que desde sus ámbitos individuales, han construido parte de su patrimonio literario. Por diversas circunstancias, Vallegrande no posee una literatura como tal, ya que sus escritores responden a contextos especiales y no son producto de escenarios generacionales o coincidencias estilísticas. Diseminadas a lo largo del tiempo, sus letras guardan, sin embargo, una riqueza invaluable. Sus temáticas son tan variadas como sus estilos y pretensiones, y cada autor nos muestra su visión particular del mundo desde la sencilla mirada de un vallegrandino.

Ya sea a través de la investigación, la novela, el cuento, el teatro o la poesía, esos autores han erigido los pilares de las letras vallegrandinas, formando así el abanico literario ante el que nos encontramos.

Esta selección comienza con Manuel María Caballero. “La isla”, la primera novela boliviana según muchos entendidos en la materia, no solamente abre un camino para la literatura nacional, sino que con su aparición, la entonces Provincia aspirante a Departamento, logra posicionar su nombre a nivel nacional. Su valor solamente puede ser entendido en base a su legado histórico.

Adrían Melgar i Montaño
Adrián Melgar i Montaño, historiador.

En la asignatura de historia, Adrián Melgar i Montaño fue el encargado de recuperar los retazos y las vivencias de los últimos días de la colonia, así como las batallas y esperanzas de los primeros días de la República. Este religioso y entusiasta recolector de datos, recorrió el gran Vallegrande buscando testimonios, documentos y elaborando incluso los árboles genealógicos de muchos de los habitantes de los pueblos a los que llegaba. Gracias a él hoy conocemos más de nuestro pasado.

Hernando Sanabria Fernández
Hernando Sanabria Fernández, periodista, poeta, investigador vallegrandino.

Ya entrado el siglo XX, Hernando Sanabria Fernández comienza a trabajar arduamente en sus investigaciones, que han sido capitales para entender los procesos culturales e históricos, no sólo de Vallegrande sino de Santa Cruz y de Bolivia. Reconocido como un intelectual incansable, don Hernando nos ha dejado innumerables trabajos que hoy constituyen parte elemental en la edificación de la memoria histórica de nuestros pueblos. Pero a diferencia de sus estudios e investigaciones, su obra literaria ha sido poco difundida, y gran parte de sus escritos aún permanecen inéditos. El valor y la calidad de sus cuentos, así como de su poesía, también son parte de esa memoria histórica que don Hernando tanto se empeñaba en rescatar.
En la permanente transformación de las letras vallegrandinas, la poesía ha ocupado un lugar pequeño, pero privilegiado. Conocido en todo el país por su curiosa personalidad, P. Neftalí Morón de los Robles sigue siendo hoy en día objeto de estudio. Sus detractores recuerdan al poeta alucinado, mientras que sus seguidores continúan contemplando al genio incomprendido. Pero sus versos no mienten, demuestran por sí solos la pasión surrealista de Neftalí y esa abstracción que sólo un poeta es capaz de fundar.

En el género del teatro costumbrista, dos autores marcaron presencia con obras premiadas y valiosas, que hasta el día de hoy son representadas y elogiadas.

Pastor Aguilar Peña fue el antropólogo que logró identificar y describir el carácter del vallegrandino promedio, adhiriendo sus costumbres y esa personalidad tan única al teatro de problemática social que hábilmente proyectó. Adhemar Sandoval Osinaga, en cambio, nos mostró las pasiones que genera el sencillo hecho de la procedencia geográfica, es decir, el simple orgullo de ser vallegrandino, que no es poco.

Para entender la vida en Vallegrande es imprescindible leer a Manuel Vargas. Este narrador se adentró es sus memorias, en sus vivencias personales para contarnos la complicada y a la vez maravillosa vida en el área rural de la Provincia. A través de su obra contemplamos al campesino, al hijo del campesino y a la mujer valiente, que trabajan arando el campo, recogiendo frutos y criando animales. Un paraje de otro tiempo, tan cercano como onírico.

Pastor Aguilar Peña
Pastor Aguilar Peña, dramaturgo vallegrandino.

En su momento, Gustavo Cárdenas Ayad fue la promesa de las letras vallegrandinas, y hoy se mantiene en la cima que su genio le ha otorgado. Su erudición, y sobre todo la manera de enhebrar sus historias, lograron que produjera obras inestimables tanto en el género del cuento como de la poesía. Se trata de uno de los escritores vallegrandinos cuyo estilo se ha consolidado desde su primera publicación. Leerlo siempre es un placer que descubre nuevas emociones, y desata el torrente de la memoria al doblar cada página.
El dialecto vallegrandino, esa adaptación del español antiguo, luego mezclado con el quechua, el guaraní y el chané, reluce desde lejos en la obra de Paz Padilla Osinaga. Pero no solamente se trata de la conservación o del rescate del habla popular, lo que Padilla logra es convertir el lenguaje en una poderosa herramienta para completar la estructura de su obra. Por eso lo entendemos, por eso también es nuestro.

Por último, un capítulo especial en el que se hacen dos excepciones al tenor de esta antología.

Por un lado, Oscar Gutiérrez Peña, uno de los poetas más sobresalientes de los últimos años, nacido en La Paz, pero de ascendencia vallegrandina. Su trabajo ha sido reconocido como un verdadero respiro de la poesía nacional. Por el otro lado tenemos a Federico Morón, un publicista, hijo de vallegrandinos, que se ha tomado en serio el Internet en general, y las redes sociales en particular. El humor de sus estados de Facebook muchas veces ácidos, se ha transformado en ingeniosos micro-relatos cuya temática podría identificar al vallegrandino moderno.
Ahora, es posible afirmar que la literatura de Vallegrande recién se está construyendo. Y sin duda alguna, se trata de un camino en el que sus primeros peregrinos han dejado señales claras de la dirección en la que hay que avanzar. El pueblo vallegrandino, a través de sus intelectuales y escritores, aún tiene mucho por decir y escribir.

Edson E. Hurtado Morón
Vallegrande, marzo de 2012

(Introducción del libro “Antología de las letras vallegrandinas”)

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LETRAS VALLEGRANDINAS

 

Presentación del libro "Antología de las letras vallegrandinas", del escritor boliviano Edson Hurtado.
Lupe Cajías y Edson Hurtado, en la presentación del libro en Santa Cruz.

La primera vez que escuché sobre Vallegrande fue por el poeta Neftalí Morón de los Robles. Un día, mi padre retornó a casa para contar sobre la visita de un singular personaje que dejó para “Presencia Literaria” un libro de versos, algunos de tono socialistas; otros de amor, donde él mismo recordaba las palabras de su amada: “mi querido Neftito…”. Además, la obra se iniciaba con una sentencia que me quedó de por vida: “camba colla superao” y aprendí que los valles mesotérmicos cruceños, sobre todo Vallegrande, eran el encuentro de los llaneros y de los andinos y que ahí hablan como cambas pero tienen sombreros de paño como los campesinos en Chuquisaca o en Cochabamba. En su hospitalidad siempre rinde esa memoria colectiva de recibir igual a los de allá como a los de acá. Su misión fue desde un principio unir el manto de las llanuras con los nevados de la cordillera; el oriente donde amanece el sol caliente y el occidente, donde se apaga detrás de las montañas.
En búsqueda de la historia del tabaco en Bolivia recorrí Mairana, El Trigal, Mataral y tantos recovecos con tantísimas leyendas de viudas y carretones, de aparecidos con un tizón prendido que pueblan la provincia.

En las fiestas, seguí atenta las letras simples y jocosas de las coplas carnavaleras, esas que las compone el juglar anónimo, personaje enamoradizo- quizá sastre, quizá sepulturero-, quien sólo adquiere importancia en las fiestas de máscaras y caretas.

La fundación de Vallegrande cumplió 400 años el 30 de marzo de 2012, con el nombre de libro medieval: Jesús y Montes Claros de los Caballeros de Vallegrande. Esos tres pretextos: letras, geografía integracionista y cumpleaños centenario, motivaron al poeta Edson Hurtado a buscar folletos, libritos, libros y obras completas de narradores nacidos en su patria chica y que vale la pena reunir en un solo volumen.
La Antología de Hurtado no es exhaustiva y seguramente algún otro estudioso podrá complementarla, pero es un acercamiento suficiente para que el lector comprenda la importancia de Vallegrande en la historia académica nacional. El autor no ha preseleccionado textos por sus temáticas específicas o por su estilo y calidad lingüística, sino que ha reunido en un manojo expresiones de personas que vivieron desde la infancia en las callejuelas de ese pueblo cruceño. Agrega a otros dos jóvenes que si bien no nacieron ahí, son parte de familias que se nutren con la sombra amable de la vivencia vallegrandina.
Inicia la selección con un fragmento de la novela “La Isla”, de Manuel María Caballero, que podría ser considerada la primera obra boliviana (Sucre, 1854), aunque el contexto no detalla la geografía local. De Adrián Melgar i Montaño, prefiere destacar sus páginas como historiador.

Manuel Vargas
Manuel Vargas, cuentista.

Ni duda cabe que el más universal de todos, es el más sencillo y más centrado en las características de su entorno, Hernando Sanabria Fernández. Cuentista, poeta, costumbrista, recopilador, historiador, es el más famoso académico vallegrandino. Hurtado tiene el conocimiento necesario para escoger aquello que nos permite dimensionar la inmensidad de la obra de Sanabria Fernández.
Sigue con Neftalí Morón de los Robles, el famoso y excéntrico poeta, autor de versos de autoalabanza, que en vez de caer en lo egocéntrico consiguen encender lo surrealista más íntimo. De él, declarado militante comunista en épocas dictatoriales, se dice que poco antes de morir sentenció: “Marx ha muerto. Lenin ha muerto. Y francamente, yo no me siento muy bien…”
En cambio, Pastor Aguilar Peña, es un dramaturgo sereno, que en su obra logra describir el entorno vallegrandino, sus personajes y costumbres.
Manuel Vargas es el primer narrador vallegrandino contemporáneo, famoso por su maestría en el cuento breve y actualmente editor de jóvenes escritores. Un fragmento de su novela “Rastrojos” y un breve cuento nos revelan el mundo interno de este escritor que no pierde la esencia de la provincia y de lo rural en medio de la urbe paceña.

Gustavo Cardenas
Gustavo Cárdenas Ayad, escritor vallegrandino.

Gustavo Cárdenas Ayad es un escritor que prefiere lo breve, en prosa y en poesía. Con acierto, la obra escogida habla, además de lo local, de los migrantes turcos en esa zona donde son famosos los descendientes de esa etnia que llegó al país desde fines del siglo XIX.
Adhemar Sandoval Osinaga, literato e historiador, consigue mostrarnos los problemas sociales de Vallegrande, a través de su dramaturgia.
Paz Padilla Osinaga completa la cuadriga vallegrandina más importante, con Sanabria, Morón de los Robles y Vargas. Sus cuentos tienen la habilidad de unir la comedia, la ironía con la tragedia y su lenguaje refleja con talento el hablar de su tierra. Quizá por ello es tan popular en todos los valles mesotérmicos. Sus cuentos seleccionados nos recrean momentos del Vallegrande actual, y por su maestría literaria son aprovechados por los profesores de literatura en el país.
Más joven, Oscar Gutiérrez Peña, es el poeta inspirado más por lo íntimo que por el paisaje o por las costumbres bucólicas del pueblo. Ser de Vallegrande y ser del mundo.

Paz Padilla
Paz Padilla Osinaga, escritor vallegrandino.

La antología cierra con el más joven, Federico Morón Encinas, quien no sólo se inspira más en lo universal que en lo local, sino que utiliza el lenguaje de las redes sociales. No más enmarañas descripciones como Neftalí, no más detalladísimas descripciones como Hernando o personajes como los opas del pueblo de Vargas o Padilla. Ahora el cuento cabe en ocho palabras y media.
El libro de Hurtado se lee con facilidad, con placer, para pasar la tarde del sábado o para estudiar al país y a la provincia que, junto con Tupiza, produce más expresiones culturales por habitante.
Los 400 años de Vallegrande se engalanan con este nuevo regalo de Edson.

Lupe Cajías
La Paz, junio de 2012

(Prólogo del libro “Antología de las letras vallegrandinas”)

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Las orillas del país

VALLEGRANDE, POESÍA Y FIESTA

Lupe Cajías visita Vallegrande Los tres me esperaban al salir del Aeropuerto Viru Viru. Edson Hurtado, el biógrafo de “Los Taitas”, recogió mi maleta para dejarme disfrutar tranquila la brisa que aliviaba la tempranera canícula. Me presentó a su hermana, Noelia, y al poeta Óscar Gutiérrez Peña, “Puqui”. Juntos viajamos a Vallegrande. La presentación del libro “Letras Vallegrandinas”, preparado por Edson, era el motivo manifiesto. Por algún sortilegio, que ninguno alcanzó a desentrañar, desde que entramos al vehículo, desatamos los cuentos y cuentas de los antepasados, de los enamoramientos propios y ajenos, de las más oscuras tristezas y de los tiempos de fiesta.

Inclinados como ante un confesionario, hablamos entre extraños, con la seguridad que el otro era un alma gemela, un espejo cóncavo y nacarado para reflejar en verso o en prosa la vivencia del otro, en la escuela, en la plaza, en el alma.
Dejamos el alboroto turbio de la ciudad para desplazarnos al noroeste, hacia los valles mesotérmicos del Departamento de Santa Cruz. No había gasolina en los primeros pueblos del recorrido, La Guardia, el Torno y nos asustamos hasta que divisé un letrerito oculto, casi clandestino: “se vende gasolina” y nos colamos como cómplices de un desorden nacional.
Dejamos atrás fábricas industriales y oficinas inmensas, rodeadas de jardines cuidados, tan diferentes al altiplano. Letreros privados invitaban a la piscina, al churrasco, al descanso. Se sucedían, veloces, fincas y propiedades preciosas, luminosas bajo las palmeras y con los setos de lavanda o mantilla española, rojas, rosadas.

Más allá, el valle se abre bajo la sierra. No alcanzan los adjetivos para diferenciar la multitud de verdes, los claros, los oscuros, los bosques, los álamos, los azules, los ennegrecidos, los brillantes de hojas lanceoladas, los cortos helechos; la maleza esparcida.

Es seguramente una de las rutas más bellas del inmenso territorio boliviano. Una moderna carretera, la más antigua entre las rutas asfaltadas, avanza por los pueblecitos desparramados a sus orillas. Significativa relación con la propuesta nacionalista de los años cuarenta y cincuenta para unir al oriente con el occidente, para la ampliación de las fronteras internas.
Edson recuerda los días de la siembra de la papa. La partida con los padres, los hermanos, los familiares, los preparativos para las meriendas vespertinas, los pies descalzos, los juegos, las riñas, los sustos. Poeta, sus palabras se unen cantarinas, perfectas, para decir sin pronunciar lo invisible, el miedo, la esperanza, la diferencia.

Lupe Cajías recibe reconocimiento en VallegrandeHacia Samaipata, los árboles se acercan más a las orillas y las curvas circulan en un clima que deja de ser tropical mas no es frío. Un pavo real cruza por el camino. Traza poemas Puqui, la sorpresa de encontrar ese plumaje de azul petróleo intenso y los ojos en la cola abierta como abanico, en una mañana que ayer nomás fue de oficina, de ajena computadora, de rutinas. Hoy no. Hoy es de asombro.
Se acuerda de su abuela, de su madre, de sus tías, del padre lejano, de los tumbos de la vida. Recita a la amada, los versos eróticos que describen su cuerpo desnudo, su piel como la grama que vimos, sus colinas abrigadas tan perfectas como las que acabamos de subir, las piernas largas como el musgo de esos muros y las ruinas como todas las ruinas, misteriosas. El autor del poemario a la ciudad de los anillos es, además, declamador exquisito.
Nos aproximamos al fuerte precolombino, recordamos a los nativos y, sin reparar en los saltos del tiempo, uno cita al Diario de Campaña de Ernesto Ché Guevara, cuando los guerrilleros buscaron medicinas en Samaipata. Yo digo: “tengo hambre, sé de un sitio”.

Almorzamos en un local fusión, de una cochabambina y de un gringo, con platillos agridulces como sirven en Bangladesh, junto a hortalizas típicas de la zona aromatizadas con frutillas, almendras y tamarindos.

Noelia lee el programa para la presentación de la noche de la antología reunida por Edson con los literatos, historiadores y dramaturgos nacidos en la tierra de nombre medieval: Jesús y Montes Claros de los Caballeros de Vallegrande, que cumplió 400 años de fundación.

Presentación del libro "Antología de las letras vallegrandinas" en VallegrandeMientras volvemos a la ruta y nos acercamos a las plantaciones de tabaco en Mairana, ella se acuerda de su tía que fue alcanzada por un rayo. “Una centella”, aclara el hermano, “quizá estuvo muerta por unos ratos, la reavivó mi padre corriendo con la niña en brazos, chamuscado el vestidito de sus tres años, los pies quemados”. Al llegar al portón paterno, abrió los ojos y arrojó por cinco días seguidos azufre, olor que la persiguió a pesar de las misas y de las medicinas.
Siguieron los detalles de la mítica vida de esa mujer partida por un rayo, de las pesadillas de los niños, de las alucinaciones y de los ritos. Realismo mágico.
Yo también cuento de relámpagos, de los adivinos y de las curaciones con puras hierbas, de mi madre, de mi padre, de las abuelas y de los duelos fraternos.
De la sombra, sale la memoria del poeta local Neftalí Morón de los Robles que se cantó a si mismo. Nombramos a Hernando Sanabria, a Manuel Vargas, a Paz Padilla, mientras pasamos por Mataral, por los caseríos.
Puqui cita a Octavio Paz de memoria y a Gustavo Cárdenas, el impecable narrador vallegrandino.

Lupe Cajías en VallegrandeLlegamos a El Trigal y Oscar quiere encontrar a sus tíos. Abre el portón de la casa pueblerina, la antigua balanza del estanco de tabacos. Dos ancianos nos invitan a pasar por el jardín de árboles frutales y rosas blancas. Al fondo, los poyos bajo la sombra, el horno de barro, las ollas ennegrecidas, los fardos de maíz.
En Vallegrande, el municipio apoya la cultura y auspicia el acto literario. Un empresario vallegrandino ayudó a editar el libro. Me declaran Huésped Ilustre. El pueblo felicita a Edson, tan joven y con cinco libros publicados. Entre el público está el poeta mayor, Pastor Aguilar, quien me dedica una copla carnavalera. Adhemar Sandoval Osinaga, literato e historiador, consigue mostrarnos los problemas sociales de Vallegrande.
Encontramos a los amigos del pasado carnaval. Nos acordamos la comilona, la embriaguez con licor de membrillo, la fiesta en la plaza, el lunes campestre y los guitarreros incansables.
Volver otra vez. Siempre volver a Vallegrande, a los 17, a los 27, a los 57 años, bachiller, periodista, autoridad estatal o jubilada, sé que el asombro seguirá igual.

LUPE CAJÍAS
NOV. 28 – 2012

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Video:

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Enlaces relacionados:

http://www.almazen.biz/2012/11/13/libro-en-homenaje-a-escritores-de-vallegrande/

http://www.laprensa.com.bo/diario/entretendencias/fondo-negro/20121202/edson-hurtado-%E2%80%9Crecien-estoy-comenzando%E2%80%9D_38835_62248.html

http://www.paginasiete.bo/2012-11-29/Cultura/Destacados/28Cul00229.aspx

http://www.iberoamerica.net/bolivia/prensa-generalista/paginasiete.bo/20121129/noticia.html?id=D52T84O

http://www.elsol.com.bo/index.php/index.php?c=&articulo=Vallegrande,-tierra-de-escritores&cat=360&pla=3&id_articulo=48433

http://www.cambio.bo/culturas/20121130/hurtado_compilo_a_los_autores_de_vallegrande_84115.htm

http://vallegrande.com.bo/index.php?se=6&no=67

http://www.eldeber.com.bo/brujula/2012-11-10/nota.php?id=121109213219

Antología de las letras vallegrandinas – Edson Hurtado

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6 comentarios sobre “Antología de Vallegrande

    julio escribió:
    abril 18, 2013 en 2:48 pm

    flaco parienchi en primera me alegra tu exito y que destaque a nivel nacional e internacional, en segundo, la verdad no me la crei cuando me dijeron que te gusta el maso, crei que alguna vez tu y bianca ….. pero me extraña, le mandaste a alguna mujer y no te gusto o la decepcion de colegio te desvio, la verdad no lei tu libro pero espero leerlo, donde lo venden o donde lo puedo encontrar he escuchado buenas criticas, y te felicito nuevamente atte julio chirinos amigo de colegio

    José Castelar escribió:
    septiembre 15, 2013 en 6:35 pm

    Si bien es loable que este libro se haya publicado, hay que lamentar que muchos autores vallegrandinos muy notorios (más allá de los limites departamentales) esten ausentes como Emilio Finot y Angel Sandoval. Buena falta le hubiera hecho estar bien asesorado para evitar aquellas faltas que acaso desinforman a un lector desprevenido.

    Edelmira Osinaga escribió:
    noviembre 2, 2013 en 7:50 pm

    Soy mairaneño, y me extraña mucho que usted señale erroneamente que el P. Adrián Melgar y Montaño murió en Vallegrande, pues murió en Mairana, donde fue vicepárroco durante 27 años y donde hoy descansan sus restos en el templo que el hizo construir.

    Edelmira Osinaga escribió:
    noviembre 3, 2013 en 6:35 pm

    Señor Hurtado, nuevamente le escribo para copiarle un párrafo del libro CRUCEÑOS NOTABLES de Hernándo Sanabria Fernández, en el que dice sobre el P. Adrián Melgar, en cuanto al lugar de su muerte: “Falleció en su retiro y parroquia de Mairana el 23 de mayo de 1966, a la edad de 75 años. Sobre su copiosa producción, el autor de esta biografía ha compuesto una síntesis bibliográfica en la que aparecen registradas no menos de 120 fichas. Esto aparte de la considerable cantidad de trabajos que quedan inéditos”. Le ruego tenga la gentileza de rectificar su libro.

    Roller Bravo Arenales escribió:
    enero 8, 2014 en 6:29 pm

    Y, ¿Dónde tienes a la venta tu libro?

    Saul S. Arce Gonzales Aguilar escribió:
    enero 12, 2014 en 12:45 am

    Deseo saber si don Pasto Aguilar es Hermano de Angelica Aguilar, o primo de Doña Ofelia Gonzales Aguilar.
    Gracias

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