Caídas Generosas (III)

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“Daniela”

Cuando aquellas melodías celestiales terminaron, y la luna empezó su ascenso, se produjo la tercera caída. Si las anteriores no habían sido premeditadas, ésta última fue totalmente inesperada, como la gota de lluvia que cae donde más hace falta.

Las estrellas fueron la escenografía. La penumbra, el ambiente. Los grillos y las aves nocturnas se encargaron de la banda sonora. Con el rostro medio iluminado por el brillo de la luna, Daniela caminaba a mi lado, sin decir una palabra. Su cabello se movía al ritmo de la leve brisa que nos acariciaba, mientras el tiempo se detenía una vez más. En ese lugar, entre la plaza de Concepción y nuestro alojamiento, sentimos aquellos viejos relámpagos con los que alguna vez se inició el perpetuo movimiento del Amor. Solos, levitando en ningún lugar y en todos al mismo tiempo, nos desprendimos de aquellos recuerdos que alguna vez nos hirieron. Dejamos caer la tristeza y levantamos la esperanza. Como insinuándole al Destino que nuestra fuerza era absolutamente superior a la de él.

Yo volví la mirada hacia ella y sentí un dulce dolor en el pecho. Sin mirarme y sonriendo hacia el infinito, Daniela me dio la mano, sin tocarme. Quería decirle tantas cosas: cantarle canciones, susurrarle poemas. Quería tomar su mano y besar su frente. Quería decirle que cada vez que me sonríe, se secan los pantanos de mi espíritu. Quería decirle que cada lágrima suya es un latigazo que cae sobre mi espalda. Quería decirle que cada sueño suyo es mío también.

Pero las ataduras que llevo en el alma me lo impidieron. Sólo la admiré en silencio, dejando que su esencia permanezca tranquila, como el manantial que simboliza. Dejé que la luna siguiera su camino y permití que el tiempo recuperara su carácter divino.

Y ahí estaba ella, sonriendo, brillando en medio de la noche. Sin miedo al futuro, sin rencor por el pasado. Firme y decidida, hermosa  y única. Caminando hacia la luz sin saber que si me lo pidiera, yo podría dejar mi vida, para vivir levitando eternamente a su lado.

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Caídas Generosas (II)

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“Contrapunto”

Mirando el inolvidable cielo de Concepción, frente a la entrada de la Iglesia, decidí sentarme en el piso (Es decir, me caí voluntariamente). Dando la espalda al pórtico, cerré los ojos y empezé a escuchar las melodías celestiales, que colmaban e iluminaban los espíritus que nos habíamos reunido en ese lugar.

De pronto, la guitarra de Eduardo “Lalo” Chavez empezó a contar su historia. En ese momento, la aguda e incomparable voz de Wilma “China” Frías, tocó la puerta de mi corazón, quien inmediatamente la reconoció y la dejó pasar. José “Pépe” Talavera me despertó, aún más, con su penetrante y maravilloso timbre.Mientras que Waldo Varas y Carmen Robles, me hiciéron vibrar con cada entonación.

 “Que estoy/enamorado/y tu amor/me hace grande…” coreaba a todo pulmón. Jóvenes, niños y adultos, se desprendiéron de su pasado por un momento, y decidiéron unirse al generoso arco iris que estaba naciendo a la lúz de las estrellas. No húbo espacio para la verguenza ni para el recato. El “Negro José” logró que el baile dijera por algunos, lo que las palabras no pueden. Y así, casi todos salieron a bailar y soñar, porque como dice Sabina: “Bailar es soñar con los piés”

Los aplausos me sacaron del trance en el que me había sumergido. Contrapunto recibió la merecida ovación de parte de quienes sólo podíamos agradecerles con nuestras palmas. Esa noche confirmé lo que muchos ya sabían hace tiempo, el profesionalismo y la calidad que el trabajo y la sinceridad pueden otorgar, se resume en el mejor grupo vocal del país

Yo seguía con los ojos cerrados y el corazón hinchado de júbilo. Hubiese querido que esos momentos no terminaran nunca. Ese espacio diminuto dentro del tiempo, esas notas entrando por cada poro, ese ritmo, que solamente puede ser comparado con la magnificencia de una orquídea.

El próximo año me dejaré encantar aún más con la magia de Contrapunto, y admiraré aún más las nuevas orquídeas que me estarán esperando.

Caídas Generosas (I)

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“El Encanto”

 

Cuando era niño me preguntaba cómo sería el paraíso -si en verdad existiera. Trataba de imaginarme el color de su cielo, el olor de sus montes o la suavidad de sus ríos. Con el paso del tiempo, desistí de mi búsqueda teórica de una definición exacta, y simplemente me limité a soñarlo eventualmente. Las obligaciones de la niñez muchas veces nos hacen desechar aquello que podría evitarnos muchas noches de insomnio.

 

No creo que el paraíso sea como nos lo han contado. Ya saben, lo de las calles de oro y la felicidad eterna. Tampoco creo que el paraíso tenga la cualidad de generar tranquilidad en los espíritus humanos por sí sólo. Hoy estoy convencido que el paraíso es una construcción individual. Una esquematización de nuestros recursos, de nuestros hábitos de vida y de nuestros principios, que nos conducen indefectiblemente hacia lo que nos hace felices.

 

Estuve en El Encanto, una comunidad rural ubicada a 30 minutos de Concepción, aquí en Santa Cruz. En el marco de las actividades del VI Festival Internacional de la Orquídea, nos llevaron a conocer el hábitat natural de tan hermosa y cautivante flor. El lugar, una piedra de más de 20 metros de alto, guardaba en su cima una cantidad importante de orquídeas que deslumbraron a quienes nos animamos a apreciarlas. Cuando volvía al punto de partida, cuesta abajo, tropecé con un par de ramas y caí sobre la tierra suave y húmeda. No me herí ni me lastimé, ni mucho menos me enojé. Después de escuchar la risa ingenua de quienes me seguían, me levanté y seguí mi camino.

 

Pero ese momento en el que la gravedad me estrellaba contra el piso, ese instante en que tomaba posición horizontal, esas milésimas de segundo en los que cerré los ojos, me hicieron comprender una sola cosa. Pueden llamarlo una revelación o una visión, pero el caso es que esa primera generosa caída me confirmo la existencia de un espacio único. Comprobé que el paraíso está hecho de aquellos momentos maravillosos que nos abren los ojos del corazón.

 

Relámpagos dadivosos de exaltación suprema: Apreciar una orquídea y ver cómo se mueve al ritmo del viento, mientras se camina sin complejos y se siente el compás del tiempo, que se hace más lento a cada momento.

 

El paraíso puede estar en El Encanto, o puede estar encerrado dentro de cada uno de nosotros.

Basta entonces una sola caída para comprenderlo, después hay que levantarse para mirar hacia arriba y verse en el espejo del cielo.

El Último Fan de Michael Jackson

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En el umbral de la puerta entre abierta, yacía un disco medio roto y empolvado. Un haz de luz encendía la mesa repleta de souvenirs y sedantes, y por detrás, en la ventana, como una mano languidecida por la nostalgia, la cortina se movía a merced del tibio viento de agosto.

Sobre las paredes, no quedaba un solo lugar que no estuviese lleno de fotografías, posters, cuadros o dibujos.

Gafas o sombreros o premios adornaban las imágenes; incluso el tedioso recuerdo de un amor ideal, pero inverosímil, ocupaba algún rincón.

Cejas delgadas y oscuros ojos se multiplicaban por cientos; y esas miradas, que se dirigían a todas partes -sin embargo- nada veían.

Una hoja, amarilla y arrugada, ocultaba la insípida poesía de una desgastada inspiración, mientras unos pies ensayaban algún paso de baile, y una envejecida voz tarareaba la melodía de una nueva canción.
 

Tomando Desiciones

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La realidad lo exige. La coyuntura nos obliga.

Ha llegado el momento de tomar desiciones. De buscar los caminos más adecuados para alcanzar la meta que una vez logramos vislumbrar.

No podemos seguir siendo títeres de argumentos vacíos y sin sentido, que solo buscan arrastranos hacia el abismo. No debemos dejar que se lleven nuestra ALEGRÍA.

Ayer me dijo un muy buen amigo: “Hay que ser felíz” Y creo que ese puede ser el camino más adecuado.

Ser feliz haciendo lo que nos apasiona, defendiendo lo que creemos justo y ético. Ser feliz tratando de ser cada día mejores personas. ser felíz, haciendo felices a los que nos rodean.

Tal vez así el mañana tendrá ese mágico color de la sonrisa espontanea y sincera. Tal vez el futuro nos espere con el olor de la mañana y el sabor de la apasionada noche anterior.

Si no tomamos desiciones, ahora, en este momento; si no nos comprometemos con la causa verdadera, pondremos en peligro los sueños de muchas personas, los deseos de casi todos.

Salvemosnos ahora: Tomemos la desicion…

¡Seamos felices!

Mensaje Urgente de Esperanza

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A quienes tienen la PATRIA en el corazón,

A quienes se sienten orgullosos del país en el que viven,

 A quienes se asombran cada día con la hermosa diversidad de culturas, idiomas, colores, olores e ideas,

A quienes tienen como premisa la defensa de la libertad y la conservación de la democracia.

A quienes respetan la otredad y la exaltan al nivel de su propia esencia,

A quienes aman la VIDA y viven cada día para ser felices y hacer felices a los demás

Para todos ellos va este Mensaje Urgente de Esperanza. Para que resistamos la locura, para que no nos dejemos arrastrar por la barbarie, para que conservemos nuestros sueños.

No permitamos que nos arrebaten la PAZ.

No dejemos que el terror nos enceguezca.

No perdamos la ESPERANZA.

 

Te gustaba estar debajo

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Te gustaba estar debajo:

                             de mis ojos
                   cuando huían mis lágrimas,

                             de mi boca
                   cuando volaba mi saliva.
Te gustaba estar debajo:

                             de mi pecho
                      cuando ardía mi sudor,

                             de mis caderas
                      cuando gritaba mi espuma.

Te gustaba estar debajo:
                             de mi sombra
                             de mi tango
                             de mi tristeza.

Te gustaba estar debajo:
                                   y yo,
                              no lo sabía.