Crystal del Chaco

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Cuando el Coronel Pérez se enteró que uno de sus conscriptos se escapaba algunas noches del cuartel, y volvía de madrugada vestido de mujer, lo mandó arrestar y lo confinó a una celda. Preocupado por el cierre anual de gestión, el Coronel no sabía muy cómo proceder, así que repitió lo que los militares de la época mejor sabían hacer. Mandó que le dieran una paliza.

Crystal De Camiri

Crystal aún recuerda las botas pesadas, los cinturones afilados y los certeros golpes que le propinaron esos camaradas suyos, a los cuales no les guarda ningún rencor. Es más, alguna vez se los encontró, ya asumida como travesti, y los saludó cordialmente. Ellos seguían sorprendidos, pero al contrario de la última vez, reaccionaron de una manera amigable y hasta íntima. “Me limpié la sangre y volví a hacer lo que tenía que hacer, porque faltaba una semana para el licenciamiento y yo quería salir bien del cuartel”, cuenta con algo de nostalgia. Crystal se licenció del cuartel y una vez afuera, asumió su identidad de género y se definió como mujer. Hoy es una de las dos travestis que caminan por la calles de Camiri, altiva y orgullosa, exhibiendo los tatuajes del cuartel y luciendo una larga cabellera oscura, que se mueve silenciosa al compás del viento. Ella trabaja casi todos los días de la semana, pero las ojeras de sus ojos rojos no disimulan las noches de juerga que ha disfrutado.

“Yo trabajo mucho, y también me divierto. Tengo derecho”, dice, antes de llamar a su madre, indicándole que va a viajar de nuevo.

Se dedica al comercio; compra y vende coca. Viaja por pueblitos con sus bultos, así, vestida de mujer, ganándose el pan de cada día y la cerveza de cada noche. Está llegando de Gutiérrez, y pronto se irá a Cabezas, Itanambikua, Imbochi y finalmente a Cuevo, desde donde manda coca a otras comunidades del chaco camireño.

Crystal De Camiri

En los últimos tiempos no ha sentido mucha discriminación, ya sea por su trabajo honesto, o porque las personas con que se relaciona habitualmente han terminado por aceptarla y respetarla como lo que es: una mujer trabajadora. Pero no siempre fue así. “Antes nos correteaban, nos insultaban. Una vez me pegaron bien feo. Pero eso me sirvió para seguir queriendo ser mujer, porque eso era lo que yo quería. Y lo logré”, cuenta seriamente. “Estoy un poco gorda, pero es por la diabetes”, dice, y luego ríe con una risa delicada, silenciosa y agradable.
Se enamoró de un camarada a los 18 años, y dentro del cuartel vivió un romance digno de una película. “Pero luego él se fue a estudiar a la ciudad y yo me quedé, porque no tenía recursos para irme. Lo he visto alguna vez. Está casado y tiene dos hijos. Yo aún me acuerdo sus besos”, y los ojos le brillan cuando lo recuerda. Hace poco terminó una relación. No tuvo suerte, o no la valoraron, que es lo mismo en el mundo de la gente que cree en el amor, como ella. “Yo lo ayudaba, le daba sus gustos, y estábamos bien. Hasta que empezó a portarse mal y a tratarme mal. Yo estaba enamorada”, afirma contundentemente, y luego dice: “Pero no funcionó. Y listo. Espero algún día encontrar un hombre, formar un hogar. Si se aprueba el matrimonio gay, yo me caso. Y no sé, me gustaría adoptar un niño. Si me dejan.”

Crystal De Camiri

Crystal nunca ha ejercido el trabajo sexual comercial. “Alguna vez se me pasó por la cabeza, pero no me animé. Prefiero trabajar vendiendo coca. Gano más y no corro tanto peligro. Pero respeto a las chicas que lo hacen. Ellas tendrán sus motivos”, dice con algo de tristeza, como si en el fondo sintiera un poco de lástima. Su familia la tuvo que aceptar a la fuerza. Ella nunca tuvo la intención de cambiar. “Yo lo único que quería era ser mujer, y nadie me iba a convencer de lo contrario. Y ahora soy mujer, como ve”.
En Camiri la siguen mirando como a un bicho raro cuando pasa por la plaza o va al mercado. Pero en los pueblitos, en donde convive con otros comerciantes y con indígenas guaraníes, no se siente tan hostigada. “Ellos me miran, se ríen, pero nada más. Me respetan. Y tengo varias amigas guaraníes. Es difícil, pero a veces me tratan como a una mujer”. No tiene vergüenza de mostrarse como lo que es, aunque sepa que en el fondo, algunos siguen sintiendo asco al verla, o hablan a sus espaldas, la insultan y se burlan. Ella lo aguanta todo. Ya lo hizo. Y seguirá haciéndolo. Porque sabe que ser mujer en Bolivia, sigue siendo una profesión altamente riesgosa. Y más para una mujer travesti.
Crystal tiene al Chaco como patria y a su corazón como fortaleza. Vive, trabaja y ama en medio de esas montañas. Bebe la misma agua del río Parapetí que bebían sus antepasados heterosexuales, y está tratando de llevar una vida normal. Es mujer, ha luchado para serlo, y morirá siéndolo. ®

Edson Hurtado
Periodista y escritor

Fotos: Luis Carlos Barba
Artículo escrito para: Semanario Uno

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6 comentarios sobre “Crystal del Chaco

    Anónimo escribió:
    abril 16, 2013 en 8:27 pm

    muy interesante la historia me encanto y se que cristal siempre sera una mujer aunq no lo tenga de nacimiento pero lo tiene de corazon

    brenda paola rivera (@brendapaolarive) escribió:
    abril 16, 2013 en 8:39 pm

    es una historia interesante con solo de sentirse mujer significa mucho q el querer es poder

    Anónimo escribió:
    abril 16, 2013 en 10:35 pm

    Es la muestra de la tolerancia. Sr. Hurtado gracias por empaparnos con esta historia, hoy termino el día con beneplácito y armonía.

    miguel sanchez escribió:
    abril 17, 2013 en 12:38 pm

    guaoo muy intensas las palabras y da mucho para poder pensar sobre los prejuicios que todavia existen en nuestra amada patria

    IVONNE escribió:
    abril 25, 2013 en 4:03 pm

    SUPER INTERESANTE LA CONOSCO DESD UN TIEMPO ATRÁS PRO NO SABIA LA HISTORIA…. ANTE TOO ELLA 100PRE LUCHO POR LO Q QUERIA FELICIDADES CRISTAL.

    miguel caceres escribió:
    abril 30, 2013 en 3:45 pm

    bueeeeeeeeeeena Ramiro ahora te llamaj crystal que interesante

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