El Síndrome del Carretón

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Cuando llegué a Santa Cruz de la Sierra, hace más de diez años, me llamó la atención un detalle que parecía más un espíritu chocarrero que una costumbre cultural de la ciudad.

Santa Cruz de la Sierra - Fotografías de antaño

En muchos bares, restaurantes, instituciones y casas particulares, comencé a notar la afición de los cruceños por las fotos en blanco y negro, que retrataban destellos oníricos de la Santa Cruz de antaño. No era, sin embargo, sólo una cuestión estética o una moda de decorados nostálgicos.

Se trataba de la fijación por el pasado reciente que tienen aquellos habitantes de esta ciudad, que han asistido al crecimiento veloz y desmedido de la urbe, y que no han tenido tiempo de reconocer la emergente ciudad, ni de reconocerse a sí mismos en la explanada horizontal de cemento en la que se ha convertido su pueblo.

Lo que en un principio parecía un ejercicio casual e individual de añoranza, poco a poco se fue develando como la incapacidad real de adaptación de algunos y, al mismo tiempo, como una negación del presente pos-moderno, de otros pocos. Si los carretones de madera, las calles como arenales bombardeados, las mujeres en tipoy caminando al lado de bueyes por el río Piraí, los autos enormes y ahora clásicos, las casas de familias con apellidos de abolengo, las esquinas románticas de encuentros sociales y las instituciones fundacionales de la cruceñidad, fueron tan importantes en su momento, no es de extrañarse que, ya sea en la memoria de quienes lo vivieron, así como en la herencia cultural de quienes lo añoran, ese pasado reciente se convierta en un símbolo de una gran ciudad que posee un espíritu anclado en sus años de mayor sacrificio, aquellos que cimentaron inconscientemente el mismo futuro que ahora no se entiende.

Santa Cruz de la Sierra - Fotografías de antaño

Si bien la ciudad de Santa Cruz de la Sierra experimenta por estos días un crecimiento vertical, no sólo en su infraestructura, sino, y sobre todo, en su manera de proyectarse, hay que entender sus raíces para atisbar el horizonte al que se dirige, creyendo, por supuesto, que ese horizonte sí existe y que está siendo planificado. Una ciudad que crece a la deriva es una ciudad condenada a estrellarse consigo misma. Y aunque se convierta en una gran metrópoli, si su conciencia no crece a la par de su progreso económico/tecnológico, no podrá satisfacer ni mantener saludables a sus habitantes. Y esa será la principal causa de su autodestrucción.
Por eso mismo es imprescindible tomar algunas decisiones que permitan agradecer y apreciar ese pasado melancólico, sin que eso impida la visión de transformación y desarrollo de una ciudad que, evidentemente, ya no es la misma que en los 50’s.

Santa Cruz de la Sierra - Fotografías de antaño

Hay que planificar maneras creativas de conservar y rescatar el pasado, logrando que ese pasado, conservado y rescatado, no se convierta en un estorbo anacrónico que impida dar el gran salto que la ciudad oriental más grande del país necesita.
De ese modo, el ejercicio nostálgico de recordar y atesorar los años idos, aquellos que pusieron a prueba el espíritu de Santa Cruz, serán un recordatorio imperecedero de la fuerza y el ímpetu de una sociedad que siempre quiere avanzar, que sigue creyendo en sus principios y que, por sobre todo, no conoce límites que no sean los que ella misma se impone. ®

Edson Hurtado
Periodista y escritor

Artículo escrito para Semanario Uno
Fotos: Internet

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