Vivir para el carnaval

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Santa Cruz de la Sierra es una ciudad cosmopolita y moderna. Al menos eso dicen sus más acérrimos defensores, embanderados con los colores de la región, optimistas empedernidos. La capital está situada en la boca de la Amazonía, con un clima cálido que invita a participar de eventos masivos y multitudinarios al aire libre.

Carnaval de Santa Cruz

En la ciudad, hay un evento que dura casi todo el año y en cuya organización y disfrute se involucra casi a toda la ciudadanía. Es ‘la fiesta grande de los cruceños’: el carnaval. Una catarsis colectiva en la que, como a un agujero negro, caen las instituciones estatales, empresas privadas, organizaciones sociales, figuras de la política, la farándula, autoridades locales y nacionales, empresarios, representantes de barrios, comerciantes y todos los ciudadanos ávidos por las carnestolendas.

La reciente visita de toda la cúpula del Gobierno Nacional a Santa Cruz, para promulgar la ley que declara al carnaval de esta ciudad como Patrimonio Cultural, es una muestra clarísima de la importancia no sólo del carnaval sino del departamento en el ámbito político nacional.

En el mes de agosto comienza la elección de la reina del carnaval del año siguiente. Las kermeses y coronaciones se suceden desde septiembre y los programas carnavaleros, televisivos y radiales, están listos para emitirse desde diciembre. Todo eso para lograr que los 3 días de carnaval, en febrero, cumplan su objetivo: dar rienda suelta a la alegría y el desvarío generalizado de una sociedad que se consume cada año a sí misma.
Si hasta da envidia la pulcritud de la organización de la ACCC (Asociación Cruceña de Comparsas Carnavaleras), los grandes sponsors que sustentan y patrocinan el evento, la facilidad con que montan graderías y camarotes VIP para el corso, los permisos otorgados cómodamente, el impune cierre de todo el centro de la ciudad, y ahora la realización espectacular de las cinco (cada año aumentan más) pre-carnavaleras los fines de semana previos. El municipio en poco o nada se inmiscuye, y las autoridades se limitan únicamente a brindar “seguridad” durante el, casi sagrado, evento anual.

Carnaval de Santa Cruz

Pero detrás de toda la parafernalia se esconden algunas aristas que valen la pena ser analizadas. Por ejemplo, el millonario negocio en que se ha convertido el carnaval cruceño. Ya no es más el pueblo de antaño, con carretones y mujeres en tipoy, cuyos grupos o pandillas carnavaleras se echaban perfume en vez de huevos podridos, pintura y betún para zapatos. Los números no se conocen con exactitud, pero hay quienes dicen que las ganancias rondan los seis millones de dólares, cuyo descargo no se hace a nadie y queda en manos de los organizadores. Todo, o casi todo, producto de auspicios exclusivos de grandes empresas privadas.
El discurso que se maneja en carnaval sigue siendo colonial, y ahora se ha convertido en un evento sumamente clasista. “Tenemos todo listo para que el pueblo disfrute del corso”, “La reina del carnaval es la reina del pueblo”, “Nos esforzamos todos los años para que el pueblo se divierta y pase un lindo momento”. Esas son algunas frases de los comparseros que este año coronaron a la reina y quienes organizan todo. Son los ricos y acomodados, cuyas cuotas para ingresar a sus comparsas oscilan entre $us.-500 y $us.-1000, y están, evidentemente, en un nivel superior al de la gente que sólo puede pagar un micro o un taxi para ir a pararse por horas viendo bailar a quienes pueden hacerlo.

Carnaval de Santa Cruz

La exclusividad de algunas comparsas, no sólo está referida al dinero, sino, muchas veces al color de piel o la procedencia geográfica. Pero claro, eso no se dice, porque es políticamente incorrecto, pero la discriminación se ejerce en silencio.
Las reinas del carnaval, figuras endiosadas y exaltadas por los medios masivos de comunicación, llegan a convertirse en símbolo de la cruceñidad, de la idiosincrasia, de la alegría y de todo lo que la tradición nos manda obedecer y creer. Después firman jugosos contratos para posar semi-desnudas en calendarios de empresas multinacionales o conducir algún programa de TV farandulero con un contenido superficial. Los grandes medios facturan como en campaña electoral y reducen espacio (aún más), al resto de su programación, para “informar” todo sobre el carnaval.

Carnaval de Santa Cruz
Luego, el recuento de los daños: el desastre causado en el Casco Viejo, que se cierra para uso indiscriminado de los comparseros, las calles como ríos de orines, los desmanes propios de la fiesta, las batallas campales entre comparsas rivales, algunos heridos, uno que otro muerto, y la satisfacción generalizada de haber roto las reglas de la sociedad en un desenfrenado y casi surreal espectáculo al aire libre.
Los demás, los inadaptados, los parias, los aguafiestas, los aburridos, tenemos que encerrarnos, viajar, taparnos los oídos, cerrar los ojos, esquivar la pintura, el agua sucia y tratar de aprovechar esos días haciendo ‘cosas aburridas’, sobreviviendo en una ciudad que vive para el carnaval.

Edson Hurtado
Periodista y escritor

Artículo escrito para Le Monde Diplomatique – Bolivia
Publicado en Semanario Uno
Fotos: Internet

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6 comentarios sobre “Vivir para el carnaval

    mario r. duran chuquimia escribió:
    febrero 10, 2013 en 11:25 pm

    cierto, el privilegio de la exclusividad se transforma en la “fiesta de todos” …

    Julico Jordan escribió:
    febrero 11, 2013 en 1:55 am

    Algunas cosas nunca van a cambiar, se ponen selectivos para el carnaval sin embargo aceptan mierda el resto del año.

    Wayra Ari escribió:
    febrero 11, 2013 en 1:56 am

    Muy interesante análisis sociológico.

    Gabriela Zubieta escribió:
    febrero 11, 2013 en 2:35 pm

    Esto es una muestra nada más del clasismo y discriminación que existe en nuestro país y en Santa Cruz, vemos los grandes espacios existentes entre las clases sociales que cada día se hacen más inmensos y como nuestra sociedad sigue fomentando y admirando aquello que la consume de tantas formas…y viéndolo bien esto es algo de todo los días…

    Rery Maldonado escribió:
    febrero 11, 2013 en 2:36 pm

    Creo que dices más que eso. el racismo es un aspecto. Lo más importante es que la “cultura” gire al rededor de un evento en el fondo absurdo, porque no tiene relación con su origen, que reproduce clichés y que además no paga impuestos. yo no soy muy carnavalera, pero la últimas vez que estuve en Tarija, hace unos 4 años, me dio la misma impresión A mi me gustó el artículo.

    Rouva escribió:
    febrero 12, 2013 en 3:51 pm

    Y tienes datos de los costos del Carnaval en Oruro, o de la famosa fiesta del Gran Poder? Cuáles las condiciones para poder pertencer a cualquiera de los grupos? Me parece un análisis interesante, estoy de acuerdo con el lamentable estado en que queda el casco viejo, pero no coincido con “algunos heridos, uno que otro muerto” pareciera que todos los años siempre se tiene un muerto, hay mas en las carreteras, y eso es en todo el país. No soy ni a favor ni en contra del carnaval, si no me gusta lo evito.

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