Los libros de los que no se habla (III)

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David Aruquipa Pérez ha desenterrado una joya de la cultura folklórica boliviana en su libro “La China Morena. Memoria histórica travesti”, y gracias a él, hoy tenemos un documento que evidencia que la sociedad boliviana tiene un carácter inclusivo, festivo y amigable, por encima de cualquier otra característica.

Tapa_China Morena

La investigación, auspiciada por CONEXIÓN – Fondo de Emancipación, y con el apoyo de la Comunidad de Investigación Acción en Derechos y Ciudadanías – DIVERSIDAD y el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF) tiene casi 200 páginas, increíbles fotografías, testimonios de primera mano, y un repaso por la historia de la mítica China Morena, aquellas travestis que en los años 60 y 70 brillaban en el Gran Poder y en las fiestas carnestolendas más importantes.

Aruquipa no sólo aporta con este libro a la construcción de la memoria histórica del país, sino que activa el detonante siempre cuestionador hacia nuestra mirada como país respecto a las diversidades sexuales, especialmente a la comunidad de travestis, transgéneros y transformistas de Bolivia.

La historia de la China Morena se remonta a los vertiginosos años 70 que permitían, entre otras cosas y a pesar de las dictaduras de la época, que las travestis y transformistas, bailen, se luzcan y embellezcan las entradas folklóricas del Gran Poder o del majestuoso Carnaval de Oruro. Las entrevistas, a través de las cuales llegamos a conocer cómo se formó el personaje de la China, cuál fue su impacto y de qué manera repercutió en la sociedad de su tiempo, son una fuente insuperable de veracidad y nos acercan a los protagonistas que vivieron los acontecimientos, y cuyos recuerdos hoy nos sirven sólo como parámetro para tratar de entender el verdadero paradigma de la China Morena boliviana.

China Morena_2

Entre algunos testimonios, se destacan los de Carlos Espinoza (Ofelia), Víctor Hugo Vidangos (Ninón), Juana Carrasco (Johana), Candy Viscarra (Diana), Luis Vela (Lucha), Tito Fernández (Titina), entre otros, que son complementados por las fotografías que muestran a las Chinas en pleno baile, siempre hermosas, siempre ostentosas, como congeladas en el tiempo, aquel que transgredieron con su baile revolucionario.
Uno de los pasajes más interesantes de la investigación, narra el mítico beso que Barbarella, personificada por Peter Alaiza, le dio al dictador Hugo Banzer Suárez en el 75. Alaiza, fue el promotor de todo el movimiento, y uno de los primeros en bailar con las fraternidades, siendo responsable de muchos de los cambios en la vestimenta de este personaje, desde las botas altas, hasta la ‘subida’ de la pollera por encima de las rodillas. Barbarella se encontró con Banzer cara a cara, y su osadía causó que al año siguiente prohíban su participación en el evento.

Pero ese beso, ese valiente beso, sería una semilla de la cual se nutriría el activismo que recién en los últimos años ha comenzado a dar algunos frutos.

La China Morena no es solamente un libro que incluye en nuestra historia la participación de las travestis, sino que nos acerca a la humanidad de ellas, a conocer su mundo, su forma de vida en esos años y el legado que nos han dejado. Un libro que, sin duda alguna, ya forma parte de nuestra memoria, de aquella que nos quisieron arrebatar, de aquel pasado que también es nuestro y que debemos preservar. Es un libro valiente, urgente y humano.

Edson Hurtado
Periodista y escritor

Artículo escrito para Semanario Uno
Fotos: Internet

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