¡Que el fin del mundo te pille bailando, Chavela!

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Se ha marchado para siempre La Chamana de la música mexicana y del espíritu libre de Latinoamérica. 

Chavela Vargas

Ahora nadie podrá reír como lloraba Chavela en el bulevar de los sueños rotos. Desde hoy, las amarguras serán más amargas sin su voz, y sin esa sonrisa universal, que han quedado grabadas en la memoria de un pueblo que supo latir y sufrir con su corazón. Todas sus noches fueron de boda y todas sus lunas fueron de miel. De eso no cabe duda. Nadie puede negar su protagónico papel en los primeros años después de la Revolución Mexicana, su aporte a la música popular por el que ganó un Grammy, la valentía que tuvo como mujer que cantaba rancheras y su figura legendaria: dama de poncho rojo, pelo de plata y carne morena, mestiza ardiente de lengua libre, gata valiente de piel de tigre, con voz de rayo de luna llena, como bien la supo describir su amigo Joaquín Sabina.

Su vida fue una película increíble que terminó la semana pasada cuando tenía 93 años, y se encontraba en lo que iba a ser -y acabó siendo- su última gira de recitales.

Valiente hasta en la postrimera frontera, lejos del mágico cerro Tepozteco, su espíritu inquebrantable se despidió de su México lindo y querido, el país que ella escogió como hogar y santuario. Atrás quedaron las noches interminables a las que ella se entregaba, tequila mediante, junto a sus grandes amigos, José Alfredo Jiménez, Jorge Negrete, Agustín Lara, Diego Rivera, Frida Kahlo y tantos otros que compartieron esa bohemia que forja, silenciosa y precisa, la visión de los artistas de su talante. En su hora más oscura y profunda, fue rescatada del olvido y volvió a brillar a los 70 años en el Carnegie Hall de Nueva York, y en los escenarios más importantes de Madrid y México, desde donde universalizó su inigualable talento. Y volvió sólo porque se escapó de una cárcel de amor, de un delirio de alcohol, de mil noches en vela, para entregar su arrugada y lastimera voz, que lloraba y cantaba como ninguna, que regalaba glorias amargas en canciones desgarradoras.

Chavela Vargas

La Vargas fue una especie de heroína para miles de mujeres latinoamericanas, que encontraban en ella una esperanza, un rayo de luz, una proyección casi mitológica. Fue una estrella que brilló en esa constelación de grandes mujeres, inigualables todas, como Mercedes Sosa, Chabuca Granda, Nacha Guevara, Liliana Felipe, Tania Libertad, Violeta Parra, Lila Downs, Omara Portuondo, Mariana Montalvo, María Bethânia, Matilde Casazola o Emma Junaro.

Chavela también era una artista proletaria, sencilla, entregada al pueblo, a la gente, y a cada una de esas personas que hemos derramado más de una lágrima, en algún bar de mala muerte, mientras nos curábamos las heridas del corazón con alcohol y rancheras.

¡Ay, Macorina!, ¿a qué cantinas iremos tus fieles a rezar, paloma negra de los excesos?

Si ya la vida no vale un suspiro, ni el mundo cabe en una de tus canciones, y no bastan todas las lágrimas de los mariachis para llorar tu ausencia. Mujer imprescindible, artista genuina, militante de la vida y sus pasiones, compañera de la noche que nunca terminó de llegar, y que cuando por fin lo hizo, te encontró sonriendo. Porque las mujeres como vos, los espíritus como el tuyo, siempre sonríen. Le muestran los dientes a la vida y a la muerte, que solamente son umbrales por los que el alma pasa y vuelve a pasar, en esta danza infinita en la que seguiremos cantando tus canciones.

Chavela Vargas

Por eso, que nunca te falte un tequila por cada duda, que no te compren por menos de nada, que no te vendan amor sin espinas, que no te duerman con cuentos de hadas, que no te cierren el bar de la esquina. ¡Que el fin del mundo te pille bailando, Chavela!

Edson Hurtado
Periodista y escritor

Artículo escrito para Semanario Uno
Fotos: Internet

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Un comentario sobre “¡Que el fin del mundo te pille bailando, Chavela!

    queta valdez escribió:
    agosto 11, 2012 en 12:09 am

    Mi querido Edson, mientras te leía, te sentía sentado en una cantina mexicana, dee sas que apestan a orines, pero que que transpiran amor. AHí estabas tú, sentadito, atento a lo que escribías, con la Chavela repitiendo Paloma negra dónde, dónde andarás … y tú, Edson, escribiendo y escribiendo para ella. Un beso enorme para ti querido amigo.

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