Los libros de los que no se hablan (II)

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Los procesos de cambio que aparentemente están transformando este país, no funcionan cuando se enfrentan a las tradiciones, creencias y prejuicios arraigados históricamente en las comunidades indígenas de nuestro Estado Plurinacional. La política es totalmente inútil si la forma de actuar no ataca las raíces de los males que aquejan a nuestras sociedades.

investigación “DIVERSIDADES SEXUALES Y DE GÉNERO EN PUEBLOS INDÍGENAS DEL ORIENTE BOLIVIANO”

Y eso es precisamente lo que demuestra la investigación “DIVERSIDADES SEXUALES Y DE GÉNERO EN PUEBLOS INDÍGENAS DEL ORIENTE BOLIVIANO” (Ayoreo, Guarayo y Chiquitano), realizada por la Central Ayorea Nativa del Oriente (CANOB), la Organización Indígena Chiquitana (OICH), la Central Indígena de Comunidades de Concepción (CICC), la TCO Lomerío, la Central de Mujeres Indígenas Guarayas (CEMIG), la Central de Organizaciones del Pueblo Nativo Gwarayu (COPNAG) y el Colectivo Rebeldía.
El objetivo de la investigación era llegar a las comunidades y comprobar si existía o no, desde tiempos ancestrales, personas con orientación sexual diferente, conversar, conocer cuáles eran sus vivencias, cómo se sentían; pero sobre todo, conocer qué piensa y siente la gente que vive en las comunidades.

El equipo de investigadores, la mayoría indígenas de muchas de las comunidades que se visitaron, descubrieron lo que realmente pasa cuando se tocan estos temas que están vetados tanto en las áreas urbanas -aunque cada vez menos- como en las áreas rurales, en donde el prejuicio y la intolerancia son más evidentes y agresivos.

El libro recoge testimonios de habitantes de comunidades como Tobité, Porvenir, Posa verde, Suegay, Ascención, Yotaú, Urubichá, San Lorenzo, Limoncito, Todos Santos, entre otros. Las declaraciones, que en su mayoría son discriminadoras, revelan lo difícil que es ser un indígena gay, visibilizan la intransigencia de esas pequeñas sociedades referidas a las diversidades sexuales: “En la comunidad no existe, no vemos esa clase de gente, puede ser en otras partes pero aquí no” (Comunario chiquitano), “No creemos que haya aquí, pero tal vez hay pero está escondido porque si lo sabemos todos, va a haber una discriminación; puede ser que hasta le peguemos y lo botemos de la comunidad, a veces uno reacciona de esa forma, nadie es perfecto” (Otro comunario chiquitano), “Qué será que ahora aparece tanto eso, antes no había, debe ser el cambio climático” (Comunaria ayorea). Así de claro y feo.

Indígenas chiquitanos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En las casi 40 páginas del libro, los demás testimonios no son tan distintos, salvo algunos condescendientes -“Si ya está en Constitución, hay que ir a la defensoría y ver la forma de que se haga un internado para ellos y que ahí se curen” (Comunaria chiquitana) – que refuerzan esas creencias anquilosadas en la superstición de que un homosexual se puede “curar” o puede “cambiar”, tan incrustada en nuestros pueblos. Las declaraciones evidencian que los homosexuales o las lesbianas indígenas no son personas respetadas, creíbles, aptas para ser dirigentes o incluso, que es peor, poseedores de los mismos derechos que los heterosexuales indígenas. Si bien hay una pequeñísima apertura -de lo contrario ni siquiera se hubiera podido realizar la investigación- queda claro que los pueblos indígenas no tienen dentro de sus prioridades el cuestionamiento de ciertas creencias y la eliminación de ciertas prácticas discriminativas, que no contribuyen para nada al respeto de los Derechos Humanos de los integrantes homosexuales de sus comunidades y mucho menos de las del resto del mundo.

Las cosmovisiones de los pueblos indígenas del oriente boliviano, y seguro de los pueblos de occidente también, no contemplan la existencia de personas con distinta orientación sexual e identidad de género, y su sola mención genera una reacción violenta y poco amigable.

Ante este escenario esclarecido y documentado por el libro, urge hacer algo. Quizás el ambiente sea más difícil, más hostil, y los mecanismos a lo mejor funcionen de otro modo y las acciones deban adaptarse a la realidad estudiada, pero si es en serio lo del proceso de cambio, la descolonización y la evolución de la sociedad boliviana, hay que hacer algo. Y más nos vale que sea en serio, antes de que más gente siga muriendo, sufriendo y escapando de sus comunidades, sólo por el hecho de tener otra orientación sexual e identidad de género.

Edson Hurtado
Periodista y escritor
Artículo escrito para Semanario Uno
Fotos: Archivo / Internet

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