Esa necesidad de hundirse siempre

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Por estos días, presionados por la economía global, los terremotos en Japón, la guerra en Libia, el Facebook y Lady Gaga, casi nunca tenemos tiempo de detenernos un poco y pensar en nosotros, en nuestro ser.

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Condenados a estar siempre distraídos, ya sea por la televisión, el Internet o el alcohol, poco o nada nos queda de tiempo para mirarnos en nuestro espejo interior y contemplar nuestras miserias, nuestras angustias, nuestras contradicciones, nuestros verdaderos sueños. El actual mundo globalizado nos encarcela en una esfera de contraseñas: claves para la cuenta del banco, el correo electrónico, el twitter, la computadora; pero no nos indica la puerta o el camino para llegar a nuestro espíritu, motor primordial de nuestra existencia.

Nos hemos dejado robar la posibilidad de vivir y ahora simplemente existimos.

Si habría que mandar todo la mierda, al menos por un rato, para detenerse en el tiempo y caerse de él, como decía Cioran. Detenerse y mirarse, mirarse y hundirse, hundirse y llorar. Sófocles tenía razón, la tragedia es inevitable. Shakespeare, Hamlet de por medio, sabía que la dirección más certera era la equivocada. Pero ya no queda lugar para que camine el Fausto que todos llevamos dentro; la economía doméstica se lo arrebató durante el gasolinazo de diciembre. El escarabajo de Kafka murió hace tiempo, por el baigón de la indiferencia y la negligencia, quizás entre los escombros del Málaga. La poesía maldita ya no se pronuncia, los versos amargos de Baudaleire están proscritos por los aún gendarmes de la moralidad mundial. Y nuestra tristeza diaria está encarcelada por la hegemonía social que dice que ser felices es la meta que todos debemos alcanzar.

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Heidegger, en su incompleto tratado “Ser y tiempo”, comprendía que el hombre es el ente abierto al «ser», pues sólo a él le va su propio ser. Es decir, mantiene una relación intrínseca e intransferible consigo mismo. Pero también Heidegger afirma que “el ser del hombre se define por su relación con el mundo, relación cuya forma de ser no consiste en un «comercio» entre sujeto y objeto, o en una teoría del conocimiento que también los implique, sino que es propia de la existencia”.

Por lo tanto, estamos atados a este espacio llamado mundo, obligados a seguir sus reglas, que seguro nosotros ayudamos a construir y de las cuales ahora somos esclavos.

Pero tenemos siempre esa necesidad de hundirnos, un segundo al menos, antes de dormir, o en medio del sueño de cada noche. Un momento en el cual nos deshacemos de todos esos pensamientos que nos corroen la mente, que nos nublan el horizonte, que nos desequilibran el corazón.

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Un momento para nosotros, para hundirnos en nosotros mismos, en nuestra nostalgia y en nuestra tristeza, en nuestras ganas muertas, en nuestros sueños frustrados.
Un segundo para dejar de existir y simplemente ser.
Como pretendía Rimbaud: “Aquí no hay nadie y hay, alguien…

Artículo escrito para Semanario Uno.

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Un comentario sobre “Esa necesidad de hundirse siempre

    Puky escribió:
    marzo 22, 2011 en 8:29 pm

    Estimado:

    Es un excelente artículo, el cual me ha dejado dos o tres avispas en la mente. Gracia spor la provocación a Ser. Un abrazo.

    P.D. No te olvidés que la crónica de anoche tendría que llamarse: “Entre Ciioran y Shakira. Una noche para la memoria”.

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