Nuestra vergüenza de cada día

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Es tan triste levantarse en la mañana y mirar televisión local, que la posibilidad de quedarse dormido en la ignorancia y no informarse resulta casi una obligación.

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No es solamente la horrible dicción, la falta de síntesis informativa, las cansinas muletillas, los constantes agravios al idioma; se trata del desparpajo, la falta de seriedad y por sobre todo, de la mediocridad con que los presentadores llegan al espectador. Y no se trata del lugar en el que se (de)formaron, o de su evidente falta de preparación intelectual, o siquiera de su escaso conocimiento coyuntural de la realidad, lo que da pena en realidad es que no tienen ningún interés en cambiar, mejorar o prepararse. Esa sí que es una vergüenza.

Las radios y los canales de televisión, están plagados de Dj`s y pseudo-presentadores que hacen de su espacio un circo, una especie de altar de la vulgaridad en el que se regodean con su ignorancia y el apetito morboso del público, que al final de cuentas viene siendo lo mismo.

Cada uno dice tener un estilo propio pero no se dan cuenta que forman parte del mismo grupo: hablan igual, tienen el mismo tono, tocan los mismos temas, y pareciera que están en una franca carrera por averiguar quién puede llegar a ser peor que el otro.

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El caso de los (dizque) radialistas es mucho más evidente. Parecieran egresados de una misma escuela de locución, porque tienen la misma forma de presentar sus canciones, arrastrando la s y diciendo alguna frase trillada y mal pronunciada. Da pena recorrer el dial buscando algo para escuchar, algún programa en el que no se dediquen canciones o se manden saludos insulsos, o se reciban llamadas telefónicas para entablar una conversación banal que nada deje al oyente. Da pena encontrar una estación y descubrir un programa que se hace llamar periodístico pero que al final de cuentas, sólo busca la confrontación mediante la emisión de noticias parcializadas, comentarios sesgados y poco serios. Y da más pena aún enterarse de que una nueva radio apareció sólo para repetir un formato comercial que, francamente, ya está en decadencia.

La televisión cruceña nos inunda diariamente con chismes baratos y una parafernalia absurda que atonta, corrompe e idiotiza.

Los formatos se repiten, los presentadores se clonan, los reporteros se pelean por la exclusiva de una noticia que no es. La ordinariez se campea por la pantalla chica y se convierte en un virus que nadie detiene y que a todos infecta. Ya no hay diferencia entre un programa de chimento y un noticiero. Nunca la hubo, dirán algunos, y tal vez tengan razón, porque la simplificación de la información ha roto todos los límites de formatos televisivos, ya que viene siendo lo mismo un noticiero matutino que un programa insubstancial de las 2 de la tarde. Y esa también es una vergüenza.

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La producción local está cargada de malas copias de programas de canales extranjeros (de los peores, claro), falsos representantes de la sociedad, alienadores inconscientes, abusadores consabidos, generadores pasivos de violencia psicológica, buscadores constantes de conflictos y caos social, alcahuetes confesos del pensamiento único, defensores del status quo.
Y eso es lo que da más vergüenza: que nosotros los vemos, los escuchamos, les damos permiso para que entren en nuestros hogares, en nuestros corazones, en nuestras vidas, en cada uno de nuestros días. Nosotros somos cómplices directos de la barbarie mediática que nos está pudriendo la cabeza y envenenando el alma.

Artículo escrito para Semanario Uno.

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Un comentario sobre “Nuestra vergüenza de cada día

    Anónimo escribió:
    marzo 3, 2011 en 11:33 pm

    A momentos es como si nos conectáramos y pensaramos muy parecido en torno a ciertos tópicos.
    Estoy en “total sintonía” con la crítica del artículo y es más me imagino estrujándolo en la cara de cada responsable de esta vergüenza que al final es de todos. Desde la infancia, como estudiante y como obrero de la comunicación he sido bastante críitico con el desempeño de los mass media. Pero ahora la cosa parece empeorar. ¿Será que como sociedad nos lo merecemos? Y mientras esa pregunta flota en el aire, me gustaría hacer alusión también a las provocadores reflexiones que se escucharon el pasado lunes en la presentación de “Mediocracia de alta intensidad.Bolivia: Medios de comunicación y democracia en contextos de cambio.” del reconocido comunicólogo boliviano Jose Luis Exeni R., ensayo integral, aconsejable y además muy ameno. “No es casual que en el ultimo tiempo las grandes redes tengan como su base Santa Cruz, desde sus noticieros hasta los programas para niños” afirma Exeni con mucho tino. Y claro esta mediocridad es alimentada por los que finalmente deciden dar cabida a toda esta parafernalia -lo repito porque me parece el término más preciso- de superficialidad donde el sistema “deforma” y por supuesto busca imponer su ideología en oposición a toda forma de rebeldía y manifestacion contestataria.
    Surgen entonces las interrogantes. ¿Sabrán adaptarse los medios a los desafios de un nuevo tiempo mundial? o ¿terminarán “encuadrados” en su miseria?. El rol de las redes sociales en las recientes rebeliones árabes es un signo de cambio y un aliciente. Queda mucha tela por cortar y mucho por hacer en esta campo.
    La falta de compromiso social -y no necesariamente hablo de una ideologízación y adoctrinamiento revolucionarios- es demasiado evidente en todos estos sujetos; compromiso que si por lo menos el 40% de las nuevas generaciones de comunicadores tuviera disminuiría mis preocupaciones.
    Es muy cierto que a la mayoria de los susodichos no les interesa en lo mínimo leer por lo menos la prensa local para superar sus continuas desubicaciones. Dejando de lado a los “presentadores” que viven de los auspicios (principales cómplices del sistema y mercantilización de los media), nos encontramos propiamente con el obrero de los media que soporta la superexplotación, (los derechos laborales de los trabajadores de los medios son prácticamennte desconocidos y muy minimizados y pocas veces se ve una defensa del mismo gremio cuando ocurren atropellos), horarios absorbentes en los que los operarios sólo llegan con ganas de tirarse a la cama y al dia siguiente se levantan como robots a seguir los mismos cánones que tiene ya su pauta marcada por los de arriba y no tiene opciona a modificarla, que aunque quisiera leer poco tiempo o energías le sobran, o aquel muchacho que está ahí no porque necesariamente ame la comunicación y la informacion precisas sino porque encontró un espacio laboral y se quedo ahi por necesidad, entonces le tocó titular el noticiero, (“plequear” en la jerga) y claro le planta la salvajada ortográfica o lanza la gran mentira que le dicta el jefe sin imaginarse siquiera en las consecuencias que eso puede traer.
    ( A propósito no hay ningun proceso de ética contra los responsables mediáticos de los sucesos racistas de 2008 en gran parte del país).
    Finalmente y coincidiendo con las opiniones de varios que asistieron a la la presentación del citado ensayo, la cuestion esencial estriba en la PROPIEDAD de los medios de comunicación y es que, no puede dejarse algo tan fundamental como el manejo de la información y la opinión pública en manos de grandes intereses monopólicos, muchas veces inconfesables, el ejemplo más elocuente Berlusconi en Italia. Que siga y que sobretodo crezca el debate. Felicidades Edson.

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