La hipocresía del Bicentenario

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Seguramente muchos se sintieron felices en septiembre, cuando los festejos del Bicentenario inundaron las calles con banderitas cruceñas, los canales de TV con música de las tamboritas, y las plazas con juegos típicos y sendos discursos sobre los 200 años de libertad que celebramos.

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Es probable también que muchos hubieran olvidado las grandes necesidades que aquejan nuestra ciudad, dando por sentado que el verde-blanco-verde es suficiente para sentirse orgulloso de una Santa Cruz que pide a gritos soluciones reales a problemas estructurales.

Pero después del desmedido festejo siempre llega la resaca. Eso lo sabemos todos y a pesar de ello, insistimos en enarbolar una fatua alegría que se desvanecerá inevitablemente, cuando la realidad se haga más grande que el orgullo.

Y en ese momento, cuando la basura nos inunde, cuando el tráfico colapse las arterias, cuando la corrupción se dispare, cuando el humo nos asfixie y las inequidades sociales nos dividan aún más, no tendremos nada más que festejar, porque nuestra libertad será, irónicamente, una inmisericorde prisión para nuestros anhelos.
No hace falta demasiada lucidez para analizar el fenómeno por el cual atraviesa nuestra sociedad, encaminada a una anarquía concentrada en el hedonismo salvaje de un tiempo que requiere otra comprensión y otra postura. Mientras exprimimos el pobre espíritu de nuestra tierra, nos olvidamos al mismo tiempo de nuestra humanidad, y por ello nos faltan los motivos para creer que es posible mejorar este sitio, en el que nos tocó vivir.
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Pronto morirá el último folklorista del pueblo, se compondrá el último taquirari y la última chovena será bailada. Seamos sinceros, hace años que nadie baila música típica en los quinceaños o en las fiestas de graduación. La poesía costumbrista ha quedado relegada y mal usada en el discurso político de una dirigencia que pretende anclarse su anacrónico y burgués modo de vida.
Santa Cruz de la Sierra tiene temporadas definidas por los desastres naturales que aún no ha aprendido a enfrentar. Una vez al año nos inundamos, una vez al año nos quemamos, una vez al año nos intoxicamos con humo, y cada cierto tiempo, nos llenamos de basura cuando a cualquiera se le ocurre bloquear el acceso al botadero municipal. Los barrios alejados siguen sufriendo discriminación y falta de atención de un municipio ineficiente y pedante.

La delincuencia y la inseguridad nos están envolviendo en una paranoia colectiva, de la cual nadie se salva.

La carente ciudadanía y la ausencia del respeto por el prójimo nos tiene cada vez más enajenados, y por momentos casi olvidamos que afuera de nuestras burbujas hay un mundo que espera de nosotros soluciones inteligentes y propuestas sustentables para generar bienestar común.

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La política local está cada vez más ensimismada, y lejos de crear nuevos líderes y generar proyectos nacionales, se dedica únicamente a repetir discursos y clonar patéticas figuras que nada nuevo tienen que decir.
200 años de libertad, sí, pero, ¿nos vamos a conformar solamente con ese apasionado slogan?
Ha llegado el tiempo de reflexionar, de proponer, de construir. Comencemos a festejar nuestros siguientes 200 años de libertad, soñando con que mañana podremos hacerlo mejor.

Artículo escrito para Semanario Uno

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2 comentarios sobre “La hipocresía del Bicentenario

    Pedro escribió:
    octubre 7, 2010 en 2:54 am

    Yo no creo del todo que sea así, no se trata de quejarse de que esto esta mal, de que hay pobres los pobres, de que hay el trafico es horrible. Es mas bien algo que debe hacer cada ciudadano, PENSAR con al cabeza y no con el dinero o la imagen.
    El cambio empieza por uno nunca en la historia el cambio empezó en grupo, se trata de buscar alternativas, tomo la bicicleta para evitar el trafico, NO QUEMO BASURA para no intoxicar mas, tomo mis previsiones para no inundarme. Es cierto es dificil lidiar con desastres naturales pero no es imposible, lo que es imposible es que despues de miles de años de evolución nos sigamos quejando ante el “papi gobierno” (sea local, nacional, etc) en vez de ponerse en acción.
    Este “bicentenario” a mi particularmente me hizo sentir parte de mi tierra, y si es una pena que hay pobres, es una pena que hay ricos, a mi no me interesa, yo voy a trabajar para hacer que mi entorno y si puedo el entorno de otros, sea más habitable y agradable.

    Paolo escribió:
    junio 15, 2011 en 6:57 pm

    A mi no me hace falta vivir un bicentenario para sentir que nací en Santa Cruz De la Sierra, yo no sé por qué festejamos la expulsión de los españoles, cuando deberíamos de celebrar más el 26 de febrero, día en el que bajo la égida de Ñuflo de Chavez descubrían nuestra ciudad; Santa Cruz de la Sierra.
    200 años libres, libres de qué? De los españoles… que slogan más ridículo, hay que estar orgulloso de eso? Porfavor! Si ahora el trato que dan los burgueses a los trabajadores es peor…
    Sueño con la reunificación de los países hispanos y estos a su vez con la Madre Patria.

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