La silente y solitaria perfidia de Bellot

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Este mundo es un lugar difícil. Lleno de contradicciones, encierra al ser humano en un capullo de sentimientos encontrados, de horizontes truncados y deseos mal heridos.

El film se adentra en los confines de la soledad, en la sencillez del deseo básico. Explora una intimidad casi extraterrestre y plantea un ambiente onírico que parece remitirnos a los inicios de la sociedad misma.
No es una película de culto, no es un film intimista, no es una declaración subjetiva; eso se siente al final de la cinta cuandose escucha a Andrés Barba cantando la melancólica canción de Alberto Domínguez.

La Perfidia de Bellot es un ensayo sobre la pos-modernidad.

Se trata de una obra que recorre los decadentes cimientos de una sociedad cansada de ella misma e incapaz de renovarse. El personaje no es ninguno, pero al igual que el CitizenKane de Orson Wells, potencialmente puede ser cualquiera.
El crimen es la metáfora que justifica la vida de un hombre atormentado por su indefinida existencia. El horizonte ensangrentado es el resultado de la presión impuesta por los convencionalismos sociales. La soledad es el símbolo del tiempo empleado (y perdido) en el amor. Esa sutileza indescifrable que los mortales no nos cansamos de perseguir.
La escenografía es sustancialmente reducida. Los espacios precisos, esenciales, se contraponen con la inmensidad de su significado. Cada lugar escogido es una metáfora del caos concentrado en burbujas sociales, irrepetiblemente graficadas, que acentúan el mensaje de un vacío permanente.

No hay lugar a interpretaciones erróneas, ya que la simbología de Bellot se acerca como muy pocas a la realidad íntima, a la necesidad irreductible de un profundo reconocimiento.

En la cinta no encontramos insinuaciones endebles de discursos hipócritas. Rodrigo muestra su extrema sinceridad cuando se trata de defender principios, de comunicar ideas, de criticar el sistema, y aun así no se trata de una película política.
Así mismo, en Dependencia sexual vimos la misma sutileza y la fuerza de un mensaje incrustado en una silente identificación con esa parte de la sociedad que no es representada por la institucionalidad oficial. Esa película también marcó un quiebre en la tendencia del cine nacional, y gracias a ella, de a poco, comenzaron a surgir propuestas urbanas. Algunas con tópicos alejados de consignas sociales y políticas, y otras arbitrariamente contemporáneas y específicamente modernizadas.
Bellot importa otro modo de ver el mundo, de interpretar los cambios y de simular soluciones. Pero no lo hace con la intención de cambiar algo, más bien entiende que su trabajo como artista consiste únicamente en retratar ese destello que ilumina sus ideas, y que transforma en arte para nosotros.

Artículo escrito para Semanario Uno.

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Un comentario sobre “La silente y solitaria perfidia de Bellot

    NATHALIE IRIARTE escribió:
    septiembre 24, 2010 en 12:01 am

    NO LA HE VISTO TODAVIA… PERO EDSON ME HAS DEJADO CON GANAS DE VER SI COINCIDO CON VOS… LA CRITICA BRILLANTE… ESPEREMOS QUE SEA BIEN MERECIDA… BELLOT TRANSGREDE Y EDSON DE IDENTIFICA… ME GUSTAN !!! BESOS A AMBOS

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