Censura y doble moral

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La censura es tan antigua como la libertad de expresión misma. Desde los inicios de la civilización y a medida que el ser humano comenzaba a expresarse, fue sistemáticamente censurado por quienes no pensaban como él, pero sobre todo, por quienes no querían que pensara por sí mismo.

Seguramente, el anónimo pintor de Altamira fue en su tiempo cuestionado por los guardianes de la moral y las buenas costumbres, que hace veinte mil años habitaban lo que hoy llamamos España, y que iniciaban de ese modo la censura en contra del arte y las expresiones artísticas del hombre y de la mujer. Sobre todo de la mujer.

En los días pasados, un acto de censura durante la realización de la Feria de la mujer, en contra de un grupo de mujeres artistas, desató una serie de manifestaciones de repudio en contra del machismo, de la censura y de los ataques a la libertad de expresión, artística en este caso, que nos hizo a todos reflexionar respecto a lo acontecido.

Lo grave del asunto no es solamente que la censura provino del Gobierno Departamental de Santa Cruz, que fue la misma institución que las invitó a participar, sino que quien armó revuelo por el performance de una de las artistas fue una mujer. Sí, una mujer censurando la lucha contra el machismo que otra representaba. Triste y contraproducente escena que revela el carácter retrógrado del pensamiento pueblerino de algunos ciudadanos y ciudadanas que se sienten amenazadas ante la autonomía de pensamiento y de corazón.

Más allá de lo abominable y totalmente reprochable del asunto, vale la pena indagar en el contexto cultural de una acción artística que desencadenó una reacción moralista. Lo dijo Carlos Valverde días después: “¿O sea que si es un desnudo comercial está bien, pero si es un desnudo artístico está mal?” La respuesta la sabemos todos porque sabemos cómo es nuestro pueblo, sabemos cómo piensa nuestro pueblo. Y mientras se trate de modelos, pasarelas, mises o azafatas, todo está permitido.

 Carla Morón puede posar para una empresa totalmente desnuda y medio cubierta de barro, y Miguel Chávez puede seguir produciendo los más burdos y patéticos spots televisivos mostrando tetas para vender carretillas.

Pero cuando otra mujer insinúa un desnudo, con mensajes en su cuerpo referidos al machismo, la violencia sexual y doméstica y el patriarcado aún existente en nuestra sociedad, hay que censurarlo, vetarlo, silenciarlo y olvidarlo. Pero esta vez los “guardianes de la moral y las buenas costumbres” perdieron la batalla.

Las mujeres se alzaron y en compañía de muchos hombres progresistas sentaron presencia en la misma Feria de la cual fueron expulsadas, y se quedaron hasta el último día, mostrándole al mundo que ya nadie las puede acallar, amedrentar o siquiera censurar.
El poder del pensamiento femenino, las acciones de la lucha por la reivindicación en igualdad de derechos tiene un muy largo camino por recorrer, pero mientras la valentía, la razón y la esperanza se mantengan firmes, las mujeres seguirán llevándonos por su buen camino, abriéndonos los ojos, mostrándonos el blanco de un hermoso rayo que nos despierte del innecesario letargo histórico, en el que aún algunas otras pocas mujeres quieren que sigamos viviendo.

Artículo escrito para: Semanario Uno

Fotos: Daniel Calderón

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2 comentarios sobre “Censura y doble moral

    pao escribió:
    junio 17, 2010 en 1:45 am

    Bellísimo.

    pao escribió:
    junio 17, 2010 en 1:53 am

    Final perfecto ;)

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