Desgarrando el hímen
Sábanas y decepciones. Pocas veces encontraremos un título que resuma de manera tan exacta el contenido de un libro de poemas.
Y es que, en este fragmento de su mundo personal que el autor nos invita a explorar, encontraremos dos filones temáticos claramente definidos: el acto sexual (y sus alrededores) y la -muchas veces- inevitable soledad a que nos condena.
Lo que sucede es que a este libro, el amor casto, níveo, puro y blanco no ha sido invitado, muy por el contrario, es del irrefrenable deseo sexual, de la ardiente necesidad de la posesión del otro y de la toma de su cuerpo de lo que aquí se nos habla. Quienes esperaban, pues, un recetario de sutilezas, piropos y buenas maneras quedarán gratamente… decepcionados.
Pero nosotros, los que solemos amar imperfectamente, los que teñimos de piel ese descalabro del alma que algunos llaman amor, los que no sabemos distinguir el deseo del… ¿”cariño”?, seguramente nos descubriremos en muchos de los poemas que acá se encuentran.
Por esas y otras razones, sean bienvenidos a este planeta devastado, a esta sábana triste, a este beso sin labios, en el que el himen acorazado, la depresión post orgásmica, las ácidas hipocresías virginales y otras múltiples decepciones se han dado cita para – no sin cierto toque de ingenuidad- danzar como un efervescente aquelarre ante nuestros ojos, deliciosamente, hechizados.
Con sábanas y sin decepciones
“… nada decepcionante tu antología. Leí y releí tu opúsculo
(grande en el contenido), y entre miradas acuchilladoras, vidrios
insolentes y féretros allanados encontré genuinas
muestras de sutil inspiración (y de originalidad)
baudelaireriana como que “la inmundicia
es más fuerte que mi odio”, o en el cadáver imposible,
“ausente y putrefacto a la vez” algo realmente difícil
desde el título.
También mis sentidos se extraviaron
con “una voz en la penumbra” y “el pelo convertido en
laberinto”, con el gusto por la matriz borgesiana.
Todo sin la facilidad del camino trillado, imitativo,
ya que como decía aquel poeta español, “Caminante son
tus huellas el camino y nada más… se hace camino al andar… y
al volver la vista atrás se ve la senda que nunca más
se ha de volver a pisar…” Caminar por las calles de la
memoria, en clave poética entonces, no admite el
retroceso: “ir hacia atrás no es una opción”.
Bien por el oasis de inspiración en medio de este
trópico venido a menos en el otoño glacial
premonitorio.
Un abrazo.
Claudio Tigier
(Periodista e investigador)
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