Mucho se habla estos días de desintegración, de separación. Algunos personajes se han convertido en agoreros del desastre, y gritando muy fuerte, intentan esparcir su veneno apocalíptico. Usan todos los medios, de los cuales son dueños, para instaurar la idea de una inminente hecatombe.

Pero cometen un error. Una omisión, en realidad. Olvidan que hay algo que es imposible destruir: el lazo invisible que nos une a todos los que vivimos, convivimos y sonreímos en este hermoso país. Un halo, mágico si quieren, que nos envuelve y que conecta los millones de corazones que laten, incesantemente,  en  busca de un mismo objetivo.

Y no estoy hablando desde el ya desgastado romanticismo, chapucero y chauvinista, de la izquierda, como tampoco lo hago desde el idealismo de prosperidad capitalista de la derecha, yo hablo desde mi sincera convicción de boliviano. Aquella que no se vende porque no está en venta, que no se compra porque no tiene precio, que no se entrega porque es intrínseca a cada uno de mis latidos.

Una vez, conversando con un amigo de estos temas, nos preguntábamos ¿qué es lo que nos une a los bolivianos? Entre risas e ironías, dedujimos que podrían ser las salteñas. Una costumbre culinaria nacional que todos conocemos y que a todos, más de una vez, nos ha alegrado la mañana. Yo he comido salteñas en Vallegrande, Camiri, La Paz, Cochabamba, Sucre, Samaipata, Concepción, Santa Cruz, y en cada uno de esos lugares, el común denominador era la satisfacción de poder compartir y disfrutar una tradición que, sin importar el lugar en donde estés o de donde seas, podía remitirte al calor del propio hogar. El placer de saborear algo único, es irrenunciable. Las salteñas son para los bolivianos lo que el mar para los peces. Pero también es un argumento débil.

Después pensamos que podría ser la selección nacional de fútbol, y nos remitimos al inolvidable mundial de 1994, al cual por primera vez asistimos por méritos propios. Una ola verde, inmensa e inolvidable, inundó la nación y nos convirtió en héroes a todos por igual. No importaron los delirantes prejuicios regionalistas ni las fisuras históricas que alguna vez nos hicieron desconocernos. Éramos bolivianos y nos pusimos la camiseta del país, sin importar si el de al lado era colla o camba o chapaco. Una pelota fue el símbolo y un logro (llegar al mundial) el emblema de nuestra unidad. Nadie escatimó gritos y aplausos ante un escenario que nos definía como triunfadores. La pasión fue desmedida y los resultados llenaron el vacío que alguna vez sentimos, o creímos sentir. El fútbol, en resumidas cuentas, fue y sigue siendo, un factor socializante y unificador, pero también un cliché sentimentaloide y anacrónico.

Entonces ¿qué es lo que nos une a los bolivianos? ¿Qué es lo que nos mueve a sentir/pensar/decir “soy boliviano”?

Yo creo que se trata de la identidad que nos define a través del sincretismo de nuestras culturas, de nuestras costumbres, pero sobre todo, de nuestras necesidades.

Los que protestan en contra del gobierno, los que marchan en apoyo al comité cívico. Los que construyen escenarios de concertación, los que destruyen los murales de Lorgio Vaca. 

Los que despotrican por la cooperación de Chávez, los que creen que no hay racismo.

Los que organizan protestas, marchas y cabildos, los que están en contra de esas protestas, marchas y cabildos.

La chola que le vende verduras a la dueña de un famoso restaurante, la magnífica que compra ropa usada en Cumavi.

El micrero que no respeta las señales de tránsito, el peatón que tampoco respeta las señales de tránsito.

El ebrio que orina en cualquier calle oscura del centro, el estudiante que lleva 10 años en la universidad.

Los que nos animamos a escribir, los que se animan a leer.

Los que trabajamos en lo que nos gusta, los que trabajan en lo que sea porque no les queda otra.

Los que soñamos con un mejor país, los que sueñan con estar mejor el día de mañana.

Todos movidos por una sola cosa: el “factor bolivianidad”

 Cada uno a su modo, cada cual con su estrategia. Sin importar si la whipala es nuestra bandera o si el Iyambaé nuestro estribillo, creemos, por sobre todas las cosas, en una patria, en un espacio llamado Bolivia, que nos cobija y que nos invita a seguir apostando por  el futuro.

Por eso los incitadores del desastre ya tienen la guerra perdida. Aquellos reaccionarios, aquellos predicadores de la perdición, aquellos sediciosos del corazón, ya están de antemano vencidos.

Los bolivianos somos uno y lo seguiremos siendo. Amamos a nuestra nación y lo demostramos a cada momento, con el sístole de nuestra esperanza y el diástole de nuestra fé, seguiremos construyendo, el mejor país del mundo.

Llegué hace algunos días. Mientras re-conozco el lugar, y a los míos, espero entenderme antes de seguir caminando por estas rutas. Un abrazo para los que llegan y se van, como todos.

Al final, la controversia se esclarece cuando los actores se minimizan a dos.
No hay otra posibilidad. La historia sólo contempla el enfrentamiento de uno contra otro. Los terceros ya perdieron su oportunidad, desde el inicio.
Y la pregunta es siempre la misma: Quién vencerá?
Por eso esperamos las elecciones en Estados Unidos: Clinton u Obama?. Cuál de los dos “progresistas” ganar?
Por eso también esperamos el American Idol : David Archuleta o David Cooke? Ganó la mejor voz o el mejor look?
Y en nuestro querido país la espera empieza a desesperar: La media luna o el gobierno? Cederá alguno para impedir el empate catastrófico?
Inductivamente llego a otro resumen. Vos o yo? Quién se marchará primero, para dejar libre al otro?
La historia resume así los acontecimientos. El absurdo resumen que no contempla a nadie más que a dos.

Me uno militantemente al pedido del Vice-presidente de la República.
Creo firmemente que cuando las cosas se hacen de manera frenética, desesperada y sin la más mínima responsabilidad, siempre saldrán mal. Estamos provocando un desgobierno y estamos abriendo las puertas a un camino desconocido, que sólo puede traernos más problemas que beneficios.
Señores, es momento de escuchar las críticas y entender que el proceso autonómico de Santa Cruz, es eso: un proceso; largo y complicado. Y si pretenden acelerarlo, les aseguro que se van a estrellar. Las incongruencias políticas, los vacíos legales y los pretenciosos y absurdos regionalismos patéticos, no pueden consolidar un sistema de descentralización administrativa, económica y mucho menos política.
Por eso no cuenten conmigo al momento de exigir respeto hacia un evento que está sucediendo al margen de la Constitución Política del Estado.
Yo soy boliviano y mi PATRIA está antes que cualquier cosa.

El 17 de mayo de 1990 la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) superando una etapa en la que los prejuicios históricos se habían impuesto a la ciencia y a la razón, suprimió la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales (en la que nunca debió haber estado incluida). Desde entonces, el 17 de mayo tiene un valor muy significativo para el colectivo GLBT, por lo que supuso la eliminación de la homofóbia institucional que pretendía basarse en la ciencia.
En nuestra ciudad, la Fundación Igualdad está organizando el Primer Festival Internacional de Cine Diversidad Afectiva – Sexual A su vez, mañana hay 3 conferencias sobre homosexualidad y homofóbia. Participarán Rolando Jim�nez, de MOVILH o Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, uno de los más antiguos de Chile en la defensa de las minorías sexuales. Marcela Romero, de la Asociación de travestis, transexuales y transgénero de Argentina. Y Alex Bernabé, de la Fundación Igualdad, recientemente creada en Santa Cruz.
Yo he sido invitado tanto para la inauguración que fue ayer, como para ser moderador en estas conferencias, y he aceptado con muchísimo gusto.
El trabajo es de todos, porque donde las actitudes homofóbicas y imperan, las sociedades que las padecen son sistemas no plenamente democráticos pues una parte de su ciudadanía tiene negados o muy limitados los que deberían ser sus legítimos derechos.
Para que otro mundo sin discriminaciones se haga realidad, tu compromiso es importante.
Para poder amar en libertad, necesitamos tu apoyo.